No sé si tiene Netflix pero si lo tiene o se lo agencia, le recomiendo ver la película Secretos de Estado de agosto de 2019.
En el año 2003, mientras EE.UU busca aliados para invadir Irak, la traductora y agente secreta británica Katherine Gunn recibe un mensaje de la NSA en el que pide la ayuda inglesa para extorsionar a la ONU y obtener el respaldo internacional. Incapaz de aceptar algo así, Katherinne lo arriesga todo lo que tiene en pos de la justicia y la denuncia de una guerra ilegal y filtra la información.
En la película se ve la tortuosidad del funcionamiento de los servicios secretos y de cómo Margaret Thatcher cambió la ley de Secretos Oficiales en Gran Bretaña cuando le denunciaron por mentir sobre la necesidad de hundir el acorazado Belgrano en la guerra de las Malvinas. Ante eso cambió la ley y la cerró de tal manera que cualquier denuncia era una traición a la patria.
La película está muy bien hecha y se sigue muy bien. Yo recordé mi pequeña historia con la guerra de Irak.
Aznar nos metió en ella en base a la existencia, falsa, de “armas de destrucción masiva” y yo quería lo dijera en el pleno del Congreso. Como se negaba acudí a todos los portavoces parlamentarios y acordamos solicitar una reunión con el rey Juan Carlos como Jefe de las Fuerzas Armadas y persona que” hacía la guerra y declaraba la paz” según el artículo 63 de la Constitución. El rey solo le recibió a Zapatero, que traicionó nuestra confianza y cuando me tocó bajar a la Tribuna del Congreso denuncié todas esas artimañas para meternos en una guerra ilegal, denunciando lógicamente al rey. Fue la primera vez que algo así se hacía desde la tribuna del Congreso y me cayó encima plomo líquido. Desde entonces me dediqué a lo que luego se ha demostrado sobre el indigno Borbón. Una persona de doble vida, un inmoral, un pésimo servidor público.
Pero vean esta película y desengáñense de Tony Blair que demostró que no fue trigo limpio y que ha quedado manchado, entre otras cosas, por lo que se cuenta en esta interesante película.