Está siendo un mes de mucha actividad en las oficinas de la Plaza Pontevedra. Los cambios en el banquillo, en la secretaría técnica y el anuncio de los cuatro primeros fichajes son movimientos que apuntan hacia el claro objetivo de retornar al Dépor al fútbol profesional. De entre todas las novedades, pienso que en su mayoría positivas, me permitiréis destacar el fichaje de Juan Carlos Menudo. Es una debilidad personal, no lo voy a negar, pero también me parece un movimiento muy acertado y una declaración de intenciones en toda regla.

Porque sí, tenemos que hablar de Menudo. Uno de estos ‘peloteros’, zurdo (como no podía ser de otro modo), que escasean en la categoría de bronce y que por eso cotizan al alza. El futbolista formado en las categorías inferiores del Sevilla es un mediapunta al uso, pero puede aportar muchísimas cosas más que ese último pase que, por cierto, tanto echó de menos el Deportivo la pasada temporada. Este último año, en el Numancia, vimos un Menudo que era la piedra angular del juego rojillo. Todo pasaba por él. Su buen rendimiento en Soria no se explica sin la libertad de movimientos que desde un principio se le otorgó, primero con Manix Mandiola y luego con Álex Huerta. Una libertad que el jugador aprovechó para ser parte activa en la salida desde atrás de los suyos, jugando muchas veces cerca del doble pivote y actuando como nexo para que su equipo transitara con mayor facilidad. Su calidad individual y la facilidad que tiene para librarse de su marca, ya sea con una finta corporal o con una ágil conducción, lo convirtieron en el playmaker por excelencia del Numancia. Si a todo eso le sumamos la habilidad que posee para el balón parado, siendo un fantástico lanzador, nos encontramos con un futbolista diferente al resto y que puede ser un elemento de lujo en los esquemas y planteamientos de Borja Jiménez.

Soy de los que piensa que por mucho que tu esquema de partida no requiera de un jugador que actúe en funciones de mediapunta, siempre conviene tener un ‘10’ en la plantilla. Y de ahí el sentido de estas líneas. El Deportivo de la pasada campaña, entre sus muchos defectos, pecó de falta de fluidez en zona de tres cuartos. La apuesta por Nacho González está claro que no fue acertada y Rui Costa, que llegó para asumir un rol de segundo punta, precisamente para ayudar en la circulación en zona de tres cuartos, se marchó en el mercado invernal tras un paso sin pena ni gloria. Por eso mismo, me parece una gran noticia que el primer fichaje de este mercado sea la pieza que le faltó al equipo el pasado año. Sinónimo de que, por lo menos de momento, se está haciendo un buen diagnóstico de lo ocurrido.

Y volviendo a la necesidad de tener un medio ofensivo en nómina, creo oportuno tirar de hemeroteca para alabar la incorporación de Menudo. Sin irnos a los tiempos de Djalminha o Valerón, porque no tiene sentido comparar aquel contexto con el actual, el Deportivo suele mostrar un mejor juego cuando tiene un ‘10’ sobre el verde. Recordemos la primera parte de la temporada del ascenso con Vázquez, donde Culio tenía un papel fundamental en el comportamiento del equipo. O los tramos de altísimo nivel que nos dejó Emre Çolak a las órdenes de Gaizka Garitano. Pero si hay una temporada en la que quedó claro lo importante que es alinear el perfil de jugador del que hablamos, fue en la 18-19 con Natxo González en el banquillo. El técnico vitoriano puso de moda en A Coruña su 4-4-2 en rombo y el equipo completó una gran primera vuelta de campeonato. Sin embargo, el club decidió hacerse el harakiri en el mercado invernal, dejando salir al ‘10’ de entonces, Carles Gil, y sin traer a un sustituto para ese puesto. El final del cuento ya nos lo sabemos y es mejor no hacer más sangre.

Pese a la difícil situación que vive el Dépor, y por ende, sus aficionados, no tengamos miedo de aplaudir ciertos movimientos del club. El nombramiento de Borja Jiménez, un técnico ya contrastado y con éxitos en la categoría, la apuesta por modernizar la secretaría técnica o fichajes como los de Menudo o Mackay son operaciones dignas de elogio. El fútbol es caprichoso y por supuesto que los resultados dictarán sentencia, pero de momento hay un plan, un buen plan, que parece haber diagnosticado correctamente los fallos cometidos en un pasado para no volver a tropezar con las mismas piedras.