Abogado

En las últimas horas una gran mayoría de la ciudadanía se ha conmocionado por un horrendo crimen. Ríos de tinta y horas en medios de comunicación se han dedicado al caso. Semeja superfluo o hasta morboso escribir un artículo más sobre ello. No pretendo ahondar sobre ese caso particular, no incidiré en la violencia vicaria u otros aspectos de triste actualidad; hablaré sobre los cómplices ambientales, escribiré sobre los reidores. Gente que parece no tener hijas, hermanas, …, madre.

Un maestro que tuve (apreciado maestro) decía con frecuencia: “Peor que los pelotas y los chivatos son los reidores”. Sentía especial ojeriza hacia los reidores. Me vino a la cabeza este destello del pasado pensando en el machismo y sus adláteres, sus reidores. La violencia machista posee un sustrato estructural al que alienta el negacionismo machista, la violencia negacionista. Negar un problema (realmente existente) insufla vida y refuerza a ese problema, haciendo más difícil su erradicación. El machismo es una lacra a erradicar.

A la vista de sus crímenes, queremos llamar “monstruos” a esos individuos. Pero esos monstruos son seres antropomorfos y habitan entre nosotros. Cuesta llamarlos seres humanos, porque sus actos no demuestran humanidad; son actos incluso contra natura. Puede haber manadas y lobos solitarios, pero lo que debe haber es una sociedad cómplice, complaciente o tolerante con la violencia machista.

Por desgracia el negacionismo (en términos genéricos) siempre ha estado ahí, en múltiples campos y a través de muy diversas actitudes. Últimamente con singular virulencia ante problemas de indudable calado global: el cambio climático, la pandemia del coronavirus…, o la violencia contra la mujer.

Hay mujeres malas, hay malas madres, hay mujeres asesinas, hay mujeres que han asesinado a sus hijos. Sí, esas afirmaciones son verdad. Ahora bien, de ello a negar la existencia de machismo y de violencia machista en la sociedad hay un camino de inadmisible recorrido. Convertir hipérboles anecdóticas o actuaciones/declaraciones poco afortunadas en abono para negar dolorosas evidencias resulta humanamente inadmisible. Causa dolor y genera asombro.

Visibilizar un problema ayuda a combatirlo. Negar la violencia machista crea un caldo de cultivo pernicioso, convierte a la sociedad en cómplice de esa violencia opresora y dañina. Los reidores.

En mi cuenta de Twitter figura fijo un tuit que destaca que nunca es mucho ni suficiente lo que debe invertirse en educación. La educación, un punto fundamental de donde partir. Recientes estudios advierten que en las escuelas, las últimas generaciones parecen admitir como normal el control del móvil de una chica por su pareja; controlar cómo viste, con quién habla, con quién se relaciona…. “Claro, es que es muy celoso, me quiere mucho…

Una de mis canciones favoritas es un poema de Agustín García Calvo, musicado por Amancio Prada: “Libre te quiero”. Esa canción me ha acompañado en cassette, en cd y ahora me acompaña en pendrive. Permanecen en mi mente indelebles algunos de sus versos: “Libre te quiero…, /no mía,/ ni de Dios, ni de nadie,/ ni tuya siquiera…”. Libre te quiero. En esos parámetros me educaron y en esos parámetros he pretendido educar. Querer sin libertad no es auténtico querer; querer con control es opresión y desequilibrio en la relación.

Una sociedad que jalea a un artista confeso abusador sexual, en la práctica blanquea al agresor y estigmatiza a las víctimas de violencia machista, que se ven, con esos aplausos, en gran medida relegadas y desautorizadas; menospreciadas, en suma. No son actos aislados. Es violencia cultural, estructural. Es urgente cambiar estas dinámicas. Frente a espacios de impunidad, tolerancia cero.

Aquí estamos y aquí seguimos: de horror en horror y me espanto porque me toca. ¿Lamentos vacuos y palabras vacías, ineficaces rituales? ¿Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas? Corremos el riesgo de perder la cuenta o convertir a las víctimas en simples cifras, en meras estadísticas.

En mis tiempos de concejal en A Coruña, a iniciativa de la titular de la Concejalía de Igualdad, Rocío Fraga, y del alcalde, Xulio Ferreiro, todos los grupos políticos de la Corporación Municipal respaldamos guardar un minuto de silencio, antes de comenzar cada mes los plenos ordinarios, por cada una de las víctimas de violencia machista acaecidas desde el pleno anterior. En septiembre de 2018 guardamos diecinueve minutos de silencio (¡19!). El horror de los horrores. Tiempo para la reflexión. Aún me duele.

Escribo esto porque no tendría que haber ni una sola víctima de violencia machista, Mientras haya una sola víctima, ningún escrito es superfluo, ninguna voz resulta innecesaria. Omitir es cobardía, la pasividad equivale a desesperanza, la inacción no consigue nada. No estamos todas: faltan las asesinadas.