El Lehendakari José Antonio Ardanza cumplió el pasado jueves ochenta años. Lo supe leyendo DEIA  al  pasar por la sección “Zorionak” donde un grupo de amigos de Elorrio le felicitaba por sus ocho décadas. De no haber sido por eso no me hubiera enterado y quiero destacarlo. Hay fechas redondas y personalidades referenciales con días  dignos de ser señalados. Honrar, honra. Recuerdo como al Lehendakari Leizaola le dedicamos  un especial con sus “Ochenta años de Lealtad” y cuando cumplió noventa, se le dedicó el Alderdi Eguna de aquel año.

Si Javier Landaburu decía que el PNV era una gran familia, este tipo de efemérides no pueden ni deben pasar desapercibidas. Quizás en estos tiempos de adanismo superlativo  estas cosas se consideren menudencias, pero en un partido que se proclama humanista y reconoce el trabajo de los demás, estas cosas no  deben pasar desapercibidas. Las formas en política siempre son el fondo. Y la política además de humanidad debe tener muy claro el componente de emoción y respeto.

La fotografía es del 27 de enero de 1985. El lehendakari tiene cara de circunstancia. Seguramente pensaría, ”menudo marrón en el que me han metido estos que aplauden”. Se les ve en la foto  a José Antonio Loidi, Juan Ignacio Uría, Sabin Intxaurraga, Iñigo Aguirre, José Antonio Ardanza, Juan José Ibarretxe, J. J. Otxoa de Eribe, Pepe Rubalcaba, Ángel Larrañaga, y Javier Caño. Yo estoy en la fila anterior, con el resto de parlamentarios del Grupo EAJ-PNV. El pleno había sido muy tenso y el portavoz del PNV, José Ángel Cuerda había tenido un discurso impropio del momento..

El PNV vivía un momento de gran enfrentamiento. Un extenuante deterioro  interno que todavía hoy se toca con  el pétalo de una rosa. Mejor. Nunca debió ocurrir. EA hoy malvive en Bildu, el EAJ-PNV ha recuperado gran parte de su liderazgo anterior y muchos de los que decidieron legítimamente optar  por un nuevo partido han vuelto a casa  sin el menor  problema y bienvenida sea  y es la decisión. El país avanza según la fórmula de la sensatez y con  la brújula en su sitio, sin abdicar de sus principios fundacionales.

Y en esta experiencia Ardanza, que había sido alcalde de Arrasate y Diputado General de Gipuzkoa, tuvo  un papel fundamental en su recuperación. Le dio serenidad a la situación, retomó los retos de todo tipo que tenía una sociedad con todos los frentes abiertos para ir solucionándolos y con el Pacto de Ajuria Enea luchó por la erradicación definitiva de ETA. Fue elegido y reelegido, dejando  en 1999 su  representación,  tras elecciones, a Juan José Ibarretxe su Vicelehendakari y se retiró dignamente. Fueron nada menos que catorce años claves de presidencia. Nadie puede desconocer este hito.

Como todo político de valía tuvo correligionarios, amigos, enemigos, adversarios, colaboradores, hagiógrafos y seguidores pero nadie pone en duda el papel clave que jugó en aquellos muy duros 14  años.

¡¡¡Zorionak  Lehendakari!!!