No descubro América si digo que el Deportivo se encuentra en un momento extremadamente complicado. De hecho, parece inmerso en un bucle como tal desde hace años. Tras terminarse la que ha sido la peor temporada de su historia, compitiendo en Segunda B y quedándose sin opciones de ascenso al fútbol profesional a finales de marzo, el club coruñés está protagonizando una metamorfosis en prácticamente todos sus estamentos.

Si las tres cabezas visibles del proyecto que se empezó la pasada campaña – siendo claros favoritos al ascenso – eran Fernando Vidal, Richard Barral y Fernando Vázquez, unos meses después esos tres nombres forman parte del pasado de la entidad. Haciendo gala de su ya cronificada inestabilidad, el Dépor ha visto que, una temporada más, la Santísima Trinidad de cualquier proyecto deportivo (presidencia, secretaría técnica y banquillo) ha vuelto a vivir un cambio de cromos.

Digerido el fracaso del no ascenso, tocaba ponerse manos a la obra. Porque el fútbol, para bien o para mal, es un mundo que no se para, que está en continuo movimiento y al que debes adaptarte permanentemente. Las últimas semanas han servido para comprobar que Abanca apuesta por un cambio de rumbo. En esta ocasión, el giro es de 180º. Quizás la magnitud de este giro explique que tampoco se quisiese contar con el entrenador que terminó la pasada temporada, pero eso nunca lo sabremos. En cualquier caso, un clavo saca otro clavo, se marchó Rubén de la Barrera y llegó Borja Jiménez. En mi humilde opinión, un acierto rotundo la llegada del abulense y también de su mano derecha, Álex Martínez.

Pero los cambios prosiguieron más allá del director de orquesta. La propiedad le confió el mandato de la secretaría técnica a Carlos Rosende, que hasta entonces era el máximo responsable de la captación en el fútbol formativo. Un guiño claro a la cantera. Luego el tiempo dirá, pero yo soy de los que siempre aplauden este tipo de decisiones de carácter valiente. Y sí, también he aplaudido la incorporación de Juan Giménez, procedente de la dirección deportiva de la Unió Esportiva Cornellà y con un amplio conocimiento sobre el fútbol de bronce. Ya sabemos todos que en el fútbol mandan los resultados, pero lo que de momento no se puede criticar es la coherencia en todas y cada una de las decisiones tomadas hasta la fecha. Intuyo que Abanca tiene bien diseñada la hoja de ruta y confía en que el talento joven, adaptado a las tecnologías de hoy y al cambio que está viviendo este deporte, le devuelva al Dépor el estatus que le corresponde. Eso no me preocupa porque además suscribo la mayoría de decisiones que se han tomado.

Lo que sí me puede inquietar es el grado de paciencia, o de impaciencia, que hasta el momento se ha demostrado tener. Confiarle un proyecto tan ambicioso a unos responsables, tan bien preparados como jóvenes y algo inexpertos, es arriesgado. Y no precisamente porque no vayan a ser capaces de sacar el barco a flote, sino porque quizás no se alcance una velocidad de crucero el primer día. A mí sí me entusiasma un equipo dirigido por Borja Jiménez – un técnico con dos ascensos a Segunda en su currículum – y confeccionado bajo la supervisión de Carlos Rosende y Juan Giménez. De hecho, me ilusiona bastante.

Ahora bien, ¿tendrá Abanca la paciencia y confianza suficiente como para que, si en noviembre el Dépor no ha rendido como se esperaba, no tirarlo todo por la borda para afrontar el enésimo cambio de rumbo? ¿Si tras las primeras cuatro fechas el equipo todavía no conoce la victoria, el club empezará a sondear entrenadores en mercado? ¿Se les otorgará a Rosende y compañía la confianza que requiere un cambio de método tan drástico? Son dudas que creo se hace cualquier aficionado y que, a la mayoría, no le permiten disfrutar e ilusionarse plenamente de estos primeros pasos.

El Deportivo volverá tarde o temprano. De eso no tengan ninguna duda. Eso sí, el que sea más temprano que tarde sí dependerá de cómo se vaya gestionando el crecimiento que se necesita. En 2019, la Real Academia Galega eligió mediante una votación pública el término “sentidiño” como la palabra del año. Y qué bien le vendría a la propiedad del Dépor el repescar esa palabra cada vez que deban tomar una decisión de carácter drástico.