Abogado

Toca brindis: ¡vacunado! Mi quinta, la cosecha del 65, como antes otras añadas, ha tenido cita para la vacuna contra el COVID; con la primera dosis de Pfeizer en mi caso. A los allí concurridos, un peso se nos ha quitado de encima. O medio peso, que aún falta completar el ciclo dentro de 21 días.

En el recinto de ExpoCoruña, mientras se aguardaba turno en la cola, se palpaba en el ambiente y se vislumbraba en los rostros una sensación de alivio y satisfacción. La vacunación es el principio del fin, un importantísimo paso adelante para recuperar una plena normalidad de vida; nuestra vida anterior, nuestra vida “de siempre”: sin mascarillas, con rostros y gestos a la vista, con contacto humano, con interactuación sin restricciones pandémicas.

Muestra de la alegría que supone recibir la vacuna la percibí en mi grupo de WhatsApp con l@s compañer@s del Colegio Eusebio Da Guarda. Desde la primera notificación de la cita del SERGAS hasta la última comunicación de haber sido inoculado: todos felices de recuperar en breve “quedadas”, cañas, comidas, cenukis o tapeos; por las charlas y por las risas; por la vida. Algunos se han quedado atrás: ellos también merecen un brindis y un homenaje póstumo. En el recuerdo siempre.

Queda mucho camino por recorrer, sin duda; un largo esfuerzo de reconstrucción social y económica, sí; pero la vacunación masiva y generalizada es un gran logro, un grandísimo logro. El contraste con los países donde las vacunas no circulan o resultan insuficientes es más que ilustrativo de la extrema relevancia de esta medida.

Momento para destacar la trascendencia de la Ciencia y de los científicos; de la Sanidad y de los profesionales sanitarios. Después de los aplausos desde ventanas y balcones, ¿se les ha dado y se les está dando el trato y el apoyo que merecen? Pienso en la vigente polémica en torno a la elección de las plazas de los MIR y se me cae el alma a los pies. ¿Se puede permitir la sociedad española maltratar a sus facultativos en ciernes, cortocircuitar sus futuros, arriesgarse que se pierdan cientos de plazas de especialistas en el Sistema Público de Salud por un mecanismo ineficiente y caprichoso? Los aplausos de las 20 horas tendrían que traducirse en otras respuestas desde el Ejecutivo… En fin, como diría Kipling, ésa es otra historia. Sin olvidarla, brindemos por la Sanidad Pública y sus abnegados profesionales. ¡Vivan las vacunas!