Dicen que la política es complicidad sin amistad. Frase cínica que descarta la humanidad de otra frase más redonda y cabal. ”La ideología cabe en la punta de una servilleta, el resto son relaciones personales”.

Nada de esto ha hecho Sánchez con Gabilondo. Tras hacerle una campaña desastrosa ideada por Iván Redondo entrando al trapo de Iglesias, rectificándola cada dos por tres y con un slogan penoso presentándolo como serio, soso y formal, como si de la boda de la hija se tratase, nadie del PSOE estuvo en la desértica noche del martes en un hotel desolado. Allí estaba el pobre Gabilondo íngrimo y lloroso. No me extraña que le diera la arritmia con un Sánchez que no tuvo ni el reflejo mínimo de acudir al Ramón y Cajal a interesarse por el quebranto de salud de su candidato. Hasta Ayuso y Monasterio han tenido más inteligencia emocional que el inquilino de la Moncloa. Fueron a interesarse por su salud. Un gesto de humanidad que Sánchez no ha tenido, aunque le haya llamado por el móvil. La gente quiere cercanía, no equidistancia y prepotencia.

Dicen que los dioses ciegan con su luz a quien desean perder. Parece el caso de un Sánchez que en su día cambió la cerradura del despacho de Tomás Gómez, el presidente del PSOE madrileño, puso a dedo a Juan Manuel  Franco, dirigió la errática campaña de un Gabilondo que no debería haberse  metido en semejante charco de tiburones como ya dijimos y también su hermano Iñaki y ahora no quiere asumir una derrota por toda la escuadra  mientras  abre una nueva confrontación en Andalucía.

Y hay más. Los expedientes sancionadores a Leguina y Redondo son normales pues un partido no puede tolerar que se haga campaña por el candidato competidor pero haría bien Sánchez en tener un foro interno para escuchar otras voces, aunque sean rancias y muy chirriantes, además del Maquiavelo que tiene a su vera en la Moncloa. No  son solo Leguina y Redondo, es nada menos que Felipe González, Juanjo Laborda, José Luis Corcuera y una larga  lista de gente muy representativa de la vieja guardia a la que ha despreciado y cuya respuesta ha sido la disidencia pública. Ya sé que sus discursos son derechosos y de genuina españolidad  pero si han sido algo en representación del PSOE, escúchales, aunque te fastidie. No digo que tengan razón sino que en un partido todas las voces han de ser escuchadas porque quizás alguna razón tienen en sus críticas. La prueba está en que el PSOE en Madrid ha hecho el ridículo  y ahora es la tercera fuerza, tras haber sido la primera hace dos años. Algo no ha hecho bien Sánchez.

Meter la pata asimismo es hacer con el estado de alarma lo que está haciendo. De tenerle a Illa y a Simón hasta en la sopa y a Sánchez en alegre cogobernanza con todos los presidentes  autonómicos durante el confinamiento  los domingos a llegar a esta nada con sifón y mascarilla  ,al pancho villismo, el no contestar la carta del Lehendakari de quien dice que es socio preferente, a llamarse andanas y a remitir todo a un Tribunal Supremo que le dice, con razón, que ellos no son el Juzgado de Guardia, sabiendo como sabe además que en Euzkadi el juez Garrido, que piensa que  los epidemiólogos son médicos con un cursillo y que el contacto que se produce en la hostelería no es la clave de la pandemia, mejor harían escuchar a los médicos y a los que saben y arbitrar medidas económicas para los dañados en la crisis y dejarse de tanta frivolidad. El domingo va a ser como la estampida de los toros en San Fermín y eso se va a pagar en nuevos contagios.

No, no lo está haciendo bien Sánchez. Si en política tu funcionas solo en base a las encuestas y al marketing a y a despreciar otras voces, aunque tengas la última palabra al final la realidad te pasa factura. Y a Sánchez, estas  meteduras de pata tan sonadas y sonoras, le pasarán factura. ¡Vaya que si!.

El pescado comienza a pudrirse por la cabeza. Y ya hay cierto olor.