Se decía en la antigüedad que el valor de un guerrero se medía por la fuerza de sus enemigos. Si hacemos trasposición de este parámetro a las últimas elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, puede resultar desconcertante, bochornoso o estimulante (repárese en el cristal con que se mire) el reparto de papeles entre las guerreras y guerreros en esa liza electoral. El algodón puede engañar o no, pero el recuento de votos es demoledor: “o povo é quem mais ordena”. Guste o no guste; guste a quien le guste.

Llamadla tonta.

Isabel Díaz Ayuso (IDA) fue convertida desde la izquierda en un meme de mema y semejaba incluso por momentos que ella se refocilaba en esa imagen friki, de encefalograma plano, de disparatadas ocurrencias y aseveraciones provocadoras. Cortando y sin cortarse. Una Donald Trump en versión cañí, castiza y chulapa. La retahíla de (¿supuestos?) disparates y despropósitos, expresados sin rubor, lejos de debilitarla, la aupó a lo más alto del tablero y a unos resultados electorales cuantitativa y cualitativamente más que relevantes: duplica votos/escaños y finiquita a su antiguo socio, Ciudadanos, fagocitado hasta la absoluta desaparición del mapa político.

Llamadla tonta.

Vista así, su victoria duele más, si se contrapone con la pátina de superioridad moral e intelectual que se proyectaba desde la izquierda. Los de izquierdas hemos perdido. Hablo en plural, porque, aun no siendo madrileño y no habiendo participado en esa campaña electoral, llevo en mi interior, en estos momentos, mi alícuota parte de derrota.

¿Qué hacemos mal desde la izquierda progresista para que la Educación, la Sanidad, los Servicios Sociales, la Igualdad y la Integración se vean postergados en el discurso político por las cañas y las terrazas?
Es evidente, tras estos resultados (ya se analizarán en detalle), que algo estamos haciendo mal. No hay duda, para los ideólogos y ejecutores del tamayazo, que aquélla fue para ellos una grandísima e inmejorable inversión.

Ahora, llamadlos tontos. Llamadla tonta.