El dato lo dio Josu Erkoreka Consejero de Seguridad y Vicelehendakari la semana pasada:

“Solo en lo que va de año se han celebrado en las calles de la Comunidad Autónoma Vasca más de 5.600 movilizaciones pese a la situación de pandemia”.

¡Pues vaya!

El derecho a la protesta, a la discrepancia y a la manifestación en una  sociedad democrática es fundamental, es su quintaesencia. Las hay pequeñas, medianas, grandes, totales, incluyendo la huelga, la manifestación y la protesta ante cualquier sede. No es admisible la violencia.

Pero la pregunta se impone. De esas 5.600  movilizaciones  ¿todas eran procedentes o era la manifa por la manifa?. De hecho la secretaria general de LAB, Garbiñe Aranburu, el 1 de mayo ya nos anunció otra huelga general. El año pasado nos habló de la “primavera roja”. A  ELA y LAB  la situación de pandemia le ha dado lo mismo. Están a otra cosa. Se han declarado en manifestación permanente y la gente empieza a oírles como quien oye llover. Música chirriante de fondo.

Si la gente se acostumbra a ver pequeñas manifestaciones o concentraciones termina por acostumbrarse. No vivimos bajo una dictadura que impide la protesta. Y la pregunta que se impone es si logran su cometido. No lo sé. Quizás si fuera la última de las medidas si se organizaran en clave positiva, respetuosa, reivindicativa, argumentada, bien pensadas y organizadas lograrían una visualización y una preocupación ante quien ha creado el conflicto pero si esto no es así el hecho de que los fines de semana haya varias y entre semana de todo tipo, se logra que formen parte del paisaje.

No seré yo quien diga cómo hay que manifestarse ni si hay que manifestarse, solo que 5.600 movilizaciones da la imagen de una sociedad muy conflictiva o que alguien la quiere hacer conflictiva, sobre todo cuando no se acude a los foros donde se pueden dirimir las diferencias. Pero no por eso hay que coartar el derecho de todo ciudadano a manifestarse

Sin embargo  por parte de Sortu, ELA y LAB hay otra estrategia que es convertir la crisis de la Pandemia en la crisis del PNV y del Gobierno Vasco.

Pretenden apoyarse en el cansancio de la gente y en las situaciones de desempleo y endeudamiento. Socializar la frustración. Son parásitos del sufrimiento, aunque no tengan  argumentos. Es muy evidente. Quien no lo vea no entiende nada, está ciego y la ola le pasará por arriba.

Tranquilos. En  lo que queda de año, habrá otras 5.600 movilizaciones junto al grito de guerra de Otegi que nos dice que van a radicalizar su mensaje. ¿Es lo que necesita este país?.

Me da que no.