Abogado

A una media de seis u ocho horas diarias, es sencillo apreciar que cualquier ser humano pasa una gran parte de su vida durmiendo. Posiblemente, de uno u otro modo, yo haya pasado otro tanto leyendo. Si la muerte es el sueño eterno, la lectura es la vida interminable.

Dormir y leer tienen en el fondo un punto en común: soñar. ¿Qué sería una vida sin sueños (aunque no todos se recuerden)? Soñar y leer nos acercan a una suerte de inmortalidad. La inmortalidad de vivir, virtualmente, muchas otras vidas: teletransportarnos a otros cuerpos, a otras mentes, a otros parajes; multiplicar exponencialmente nuestras vivencias, nuestras emociones, nuestra empatía. Sin sueños la vida resulta más triste, más gris, más monótona. Con los sueños y la imaginación el mundo no tiene fronteras, la materia se desvanece y nos expandimos con el universo: el poder de la mente es nuestro particular e íntimo “big bang”.

Los libros permiten disfrutar y compartir sensaciones y sentimientos que no siempre logramos expresar, ya sea por faltarnos las palabras exactas, ya sea por timidez, estupidez o cobardía. El poder de las palabras.

Desde aquel diccionario de la escuela de olor a tiza y aroma de inocencia, nos enseñaron que había que aprender muchas palabras, conocer difíciles palabras para llamar a cada cosa por su nombre, aunque no todos esos nombres gustasen. Tiempos aquellos que nos cambiaron la voz y el sentido, poniendo responsable donde oficio.

Las palabras pueden ser armas, pero no pienso en los libros como armas, sino como remansos de paz que me acompañan: repanchingado en un sofá o en mi mecedora, recostado sobre la hierba o tumbado en la cama. Cualquier lugar y cualquier momento son buenos.

En esta época donde algunos prefieren para hacer un comentario de texto (¡de texto!) ver la película en lugar de leer el libro original, pocos me parecen los homenajes que se hagan a la lectura y a los libros.

Hoy, 23 de abril, un nuevo libro se ha incorporado a mi casa. Hogar, dulce hogar. En la mano, un libro; en el corazón, siempre una rosa.