El rebote que tienen las extremas derechas en Euskadi porque Manolo el del Bombo no va a asentar su culo en ninguna localidad de San Mamés es más que considerable.

Parlamentarios balbuceantes bloqueando en las Redes Sociales al personal (al igual que concejales de Bilbao y residentes en Sotosalbos) es un botón de muestra: Están más rebotados que un mono con un plátano de plástico. Esta gente es así. Creen que su criterio es el único y, si no estás de acuerdo, te conviertes automáticamente en una especie de enemigo.

No saber discernir entre una opinión contraria (tan legítima como la suya) y un ataque a su ideología hace que entendamos dicho comportamiento entre rabieta de patio de colegio y el citado rebote.

Solo hace falta ver las burradas que cargos públicos publican en sus Redes Sociales (como la de esta imagen) para ver que hay quienes se retratan a la primera de cambio y, de paso, banalizan el nazismo. Si le siguiésemos el rollo (que es lo que quiere quién busca notoriedad) se le podría contestar que el presidente-fundador de su corrupto partido también quería «mucho» a los obreros. Incluso se le podría decir que, si no se lo cree, que cualquier 3 de marzo lo preguntase por Gasteiz…

En el fondo, al margen de su forma de opinar, representan un papel. Solo se puede entender de esa manera porque no creo que vivan tan despegados de la realidad en sus pueblos y ciudades. Con ese teatrillo solo hablan para sus gentes porque la caída libre del Partido Popular en Euskadi (como lo ha sido en Catalunya) es, sencillamente, imparable. Una formación política que lleva camino de la residualidad (y eso no lo digo yo, sino las urnas) ya puede hacer en cada esquina el pino puente porque se pongan como se pongan, su situación política es de extrema gravedad debido a que exponen un discurso que ya no cuaja en la Sociedad porque el electorado vasco sabe perfectamente que, afortunadamente, no todo es «la ETA» y ha detectado que aún sigue habiendo políticos aferrados a ese comodín por un nauseabundo rédito electoral.

Así, hablan para su cada vez más inexistente «clientela política» local pero también lo siguen haciendo para clientela española (del Ebro para abajo) para que vean que son los auténticos resistentes «del Norte», que no solo existe su escisión (Vox) y, de paso, para promocionarse en Madrid. En el fondo, subyace un interés personal en sus actuaciones ya que, seamos claros, ni en un futuro a corto, medio o largo plazo, el PP vasco puede aspirar a ostentar la Alcaldía de ninguna capital o de importantes pueblos vascos. Tampoco sus Diputaciones forales y, desde que Basagoiti bromeaba con serlo, objetivamente no se espera en decenios un Lehendakari del PP. Así las cosas, la única posibilidad que tienen de medrar en el mundo de la política es que cuenten con ellos en Madrid, aunque sea pasando por Sotosalbos.

Mentiría si digo que entiendo su obsesión porque a toda costa La Roja juegue en Bilbao. La respeto, pero ni la entiendo ni la comparto. Mientras mis Selecciones Nacionales (las vascas) no sean reconocidas en su Oficialidad, soy contrario a que las suyas disputen competiciones como «Locales» en Euzkadi. Cuando lo otro ocurra (que, tarde o temprano, ocurrirá), serán bienvenidos, pero (siempre hay un «pero») como Selecciones «Visitantes».

Así que ya pueden bloquear en las Redes Sociales a quién no opine como ellos (muy demócratas que se diga, nunca han sido), ya pueden venirse arriba «exigiendo» lo que quieran (con un escaso peso político como para no poder «exigir» ni una gominola), ya pueden sacarse las fotos que quieran, ya pueden gritar, berrear, dar saltitos o bailar la polka… Pueden hacer lo que quieran, pero La Roja no juega en Bilbao. Y eso es un dato objetivo por la simple imposibilidad de poder hacerlo con público. Así, no lo va a hacer por motivos de incidencia sanitaria y no lo va a hacer (que también) porque la inmensa mayoría de la ciudadanía no lo aprobamos: Unas y unos no lo hacemos por lo ya expuesto, y otras y otros ciudadanos, sin la excusa del famoso «impacto económico», pues ya tampoco ven un motivo que lo justifique.

Lo único que se me ocurre es que Raquel GonzálezCarlos García e Iturgaiz inviten a su casa a Manolo el del Bombo para ver y animar a su Selección. Incluso, el que no se acuerda de cuando hablaba todo seguido, podría llevar el acordeón… Vaya jaleo, uno torturando el acordeón y otro machacando la cabeza de la vecindad a base de aporrear el bombo (iba a decir «a bombazos», pero ya sé cómo entiende estas cosas la «ofendidita derechita cobarde»).

Y hasta ahí… Que ya serían cuatro en un domicilio aunque sean convenidos, que no convivientes.