En tiempos en los que la gente está uniformada por modas y pensamientos únicos encontrar personas que sean ellos mismos no es fácil. Sin embargo de vez en cuando aparecen por una esquina.

Hoy lo traigo a colación al haber recibido un saludo de él invitándome a vacunarme cuando me toque y terminando el ruego con  la exclamación de ¡Salud y Felicidad!. ¿Qué más se puede pedir?.

Por motivo de un viaje parlamentario a África me llamó un buen día un señor que me dijo que me tenía que vacunar contra la fiebre amarilla y la malaria. Yo había estado en Guinea y en Namibia y casi no me acordaba de este requisito ya que mientras en Europa está superado al no haber charcas públicas, en África todavía este asunto de salubridad pública no está contemplado. Buen motivo para una campaña.

El caso es que quedé con él un  jueves en su despacho del palacio de Santa Cruz, sede del ministerio de Asuntos Exteriores en la plaza de la Provincia y antigua cárcel de Corte en Madrid.

Llegué, subí esas escaleras empinadas del Ministerio. Al llegar al descansillo saludé a Cándido Ibar, que acompañado por gentes de la Fundación Rubial visitaban al Ministerio pidiendo ayuda para su hijo encarcelado en Miami. Y todavía el pobre hombre vive la angustia de la última revisión en un sistema en el que si no tienes dólares no te defienden y en el que un juez arbitrario puede arruinarte la vida. Tras el saludo pasé un pasillo con retratos de ex ministros, entre ellos todos los franquistas, me metí en un ascensor y en el ático, sexto piso, toqué la puerta del Dr. Edery, quien tenía a su cargo el servicio de medicina del Ministerio.

José Edery es un tipo bajito, bigote recortado, bata blanca, de unos setenta años, que lo primero que me dijo fue que le había hecho madrugar. «Pero si son las once», le repliqué. «Ya, pero yo trabajo por la noche», me argumentó. «Perdone, no sabía que usted a su edad hiciera guardias». «No, no las hago. Me dedico a escribir porque he fundado una revista para los que han sido funcionarios en Marruecos para que en la jubilación no se aburran. Y ando con ellos, coordinándoles». Me pareció que estaba ante un tipo singular.

En esto me fijo que en el suelo y en la mesa había un billete de 500 euros y le preguntó el por qué. «Los pongo ahí y en el suelo con monedas encima por ver si la gente pica, pero es una imitación». «!Caramba!», me dije. Este hombre o está como un cencerro o es un tipo original o en lugar de darme la vacuna me hace la trepanación.

Me dijo que era amigo de Jon, (menudo pájaro de mal agüero), pero que yo le caía bien y por eso me daba una receta para quitar las ojeras, que consistía en meter en la nevera un vaso de manzanilla y cada mañana me pusiera en cada ojo un algodón con manzanilla fría que como es astringente viene bien. Y empezó a hacerme la ficha médica. Me preguntó mi nombre, mi apellido, mientras me contaba de dónde viene el suyo, y me pidió el signo del zodiaco.

«¿Y eso para qué?». «Viene bien para saber si los astros te ayudan». «Pues creo que soy escorpión». Y lo puso. Nunca nadie me había pedido el signo del zodiaco para una ficha médica.

Llamó a la enfermera y me puso la vacuna. Un rasguño. Me dijo que le encanta África y que me iba a regalar un libro sobre los distintos países de aquel continente y sus enfermedades. Me lo dio tras hacerme una dedicatoria de lo más estrambótica y diciendo que yo era un tipo cojo… Me contó que estaba escribiendo un libro con chismografía sobre los diplomáticos y otro que iba a llevar por título «La prostitución en el norte de Marruecos y su relación con Asturias». «¿Te gusta el título?. Es el gancho para que la gente lo compre».

Me comentó que había coordinado la primera guía europea sobre la situación sanitaria en África. Había nacido en Larache (Marruecos), se había doctorado en la Universidad de Granada y le llamaban el «Tubib Pepe», médico en árabe dialectal. Trabajó en las más alejadas latitudes del Atlas, atendió a los más pobres en las barriadas de Rabat y finalmente recaló en el ministerio de Exteriores donde a pesar de su edad dirige el gabinete médico. Debe tener un buen ojo clínico y es un tipo original. Distintos funcionarios me hablaron muy bien de él y uno de los que iban en el viaje me comentó que le había preguntado si había tenido relaciones con alguna africana. Y que lo puso en la ficha.

Frente a tanto burócrata uniformado encontrar de vez en cuando tipos así vale la pena. Sería bueno que un día le entrevistara el Loco de la Colina…Estoy seguro que cuando me den la vacuna contra el Covid todo va a ser impersonal, rápido y frío. Ya sé que lo importante es la vacuna pero también encontrarte en la vida con personas como este doctor Edery que tenía a todo el Ministerio de Exteriores encantado con su trabajo.