Hacer oídos sordos, hacerse el sueco, irse a la francesa, desaparecer de un modo muy internacional, porque ojos que no ven corazón que no siente, oídos que no oyen corazón que no sangra, y es que tener mermados los sentidos a veces es una suerte, incluso nos hace la vida más fácil, la mayoría de las veces vivir en la inopia nos eleva a otro nivel donde sólo los halcones saben sobrevolar y las ratas aún no han aprendido nada de cetrería.
Aprender a quererse para poder querer y respetarte y así poder respetar a los demás.
Saber escuchar y filtrar lo que no viene bien saber, apartarse de quien te miente y complica, saber mirar para otro lado y ponerse unas gafas de madera ante el enemigo, es ser una espartano con dotes de estratega, saber disuadir con una sordera de aúpa, o con una gilipollez reconocida desanima al enemigo siempre, no enterarse de lo que piensan de ti, de lo que hablan a tus espaldas, de lo que cocinan a corazón abierto los hambrientos fracasados de éxito, es una ventaja sólo apta para faltos de curiosidad y cotilleo. Vivir en el limbo con orejas de Dumbo el colmo de los colmos para los colmillos afilados que buscan presa fácil.

Pongámoslo fácil, hagámonos los despistados, los que no se enteran, los que no ven más allá, los que buscan la tapia para escuchar, seremos invisibles, así no seremos ningún peligro y todos contentos.
Vivir en una ignorancia maquinada es la diversión del inteligente que juega a marear los “cinco sentidos” que carece del sexto, juguemos a los disfraces, seamos los payasos del circo de la vida y saquemos a la bestia cuando enjaulemos al roedor que ha estado alimentándose muerto de envidia de nuestras idas y venidas. La verdad triunfa y el cobarde o manipulador se esconden, guardan silencio.

La vida es más fácil contra más despistado parezcas, ir de listo sale caro, así que hazte sordo, mudo y ciego ante todo…la sociedad premia a este perfil de topo urbano…nunca te mojes por nada ni nadie, no sea que te salpique y te contamine la piel la honestidad de ser noble y correcto, deja que vuele quién debe hacerlo y se estrelle con la realidad, tropezar es una cosa y cogerle cariño a la piedra es otra.

Y si no eres capaz de jugar a este juego de parecer más tonto de lo que eres, límpiate la cera con cera, ponte una vela y reza, reza mucho con todo el alma porque te dejarán sin sentido y deberás abrir bien los ojos, escuchar bien y hablar muy claro y aún así la batalla la ganarás más tarde de lo que crees, eso si, la ganarás porque ya ganaste desde el momento en que no miraste para otro lado, ni te hiciste el sueco ni te fuiste a lo francés.
Queremos cuando menos lo merecen, intentamos sacar a alguien del último disparo de una ruleta rusa, nos pierden cuando nos tienen y nos lloran cuando no estamos, un mundo rodeado de hipocresía donde se rechaza la calma y abren la puerta al fracaso y azúcar en la lengua.

Donde hay clase que se note, y si hay que hacer ruido y tocar los tambores, que canten los decibelios de la justicia y de la verdad y nada más que la verdad, aunque duela.