Después de todo un fin de semana invertido en horas y horas parados en las carreteras de acceso a las playas y de que «la gente» que haya salido de las ciudades antes de que publiquen «algo» en algún Boletín Oficial… Después de que todas las noticias en «Marca España» se hayan centrado  todo ese fin de semana en imágenes en bucle de franceses beodos en Madrid o, a falta de Campeonato de Liga, en el «glorioso» triunfo de «La Roja» contra nada menos que Georgia y en la campaña electoral en el ombliguito madrileño… Podemos llegar a una concluisón evidente: Este pasado fin de semana tampoco ha habido pandemia, ni muertos, ni ingresos en las UCIs… Ni Nada..

¿Para qué?Esos son setas pero nos gustan los Rolex así que seamos serios: Hay que estar a lo que hay que estar y lo importante es lo importante. El resto es accesorio.

Es sencillamente vergonzoso pero es lo que hay: El especial sobre el avance de las vacunas en Documentos TV de La 2 de Televisión española tuvo un 1,2% de audiencia (unos 240.000 espectadores en directo). En cambio, Rociíto con su «Contar la verdad para seguir viva» (bodrio al que llaman sin rubor «Documental») logró ser el tercer programa con mayor cuota del año, con un 33,2% y 3.787.000 espectadores, según los datos de Kantar ofrecidos por Barlovento Comunicación. En el «minuto de oro» hubo hasta 5.467.000 espectadores pendientes de su remunerado relato.

El documental de Rocío Carrasco, además, superó a otra frikada como «Cantora: La herencia envenenada«, que en su debut, el zote de Paquirrín registró un 31,5% con 3.748.000 espectadores a cuenta de acusar a su madre de «haberle metido en las drogas». Flipante… Es como para cortarse las venas o, directamente, dejárnoslas largas: 250.000 personas interesadas por la que tenemos encima mientras 5 millones y medio viendo a una persona enferma poniendo a parir a su ex-pikoleto del alma… o a casi 4 millones viendo a un cenutrio acusando a su madre de lo puto peor.

No le demos más vueltas. «Marca España» es asín y ya tú lo sabe mi amol. Reconocerán que, al menos, es como para hacérselo mirar cuando no para una sesuda tesis doctoral de algún o alguna paciente matriculado/a en algún Grado superior de sociología, sicología o, por qué no, en siquiatría.

¡Qué vergüenza!