Esta semana, el pasado martes 16, se cumplieron 32 años del fallecimiento en Donostia del Lehendakari D. Jesús María de Leizaola. Me enteré de la triste noticia estando en el batzoki de Eibar dando una charla y allí nos avisaron. Y lo lamentamos mucho. Se había ido un referente importantísimo de la reciente historia vasca.
La foto es de cuando fuimos en diciembre de 1979 a acompañarle en su regreso del exilio desde Paris al aeropuerto de Sondika. No sé lo que le estaba diciendo pero está en una de sus actitudes características como era la de escuchar. Elegante, digno, representativo era una biblioteca andante. Lo sabía todo e incluso había escrito un libro sobre poesía vasca, otro sobre economía, y cientos de reflexiones de todo tipo. Le encantaba la historia y nos decía que la política no era una partida de ajedrez sino un partido de fútbol: equipo, estrategia, entrenamiento, dribling, sufrimiento y siempre chutar a gol.
Esos 10 años en los que vivió desde su vuelta a casa, acompañado por el eibarrés Iñaki Larreategi, lo curioseó todo. Tenía una inmensa curiosidad por conocer, por estar, por escuchar por reflexionar sobre todo lo que acontecía y que el exilio le había impedido conocer. Le acompañé en varias de sus excusiones e incursiones y una de las cosas que pedía era volver por camino distinto para conocer más cosas. En uno de esos viajes a Madrid se nos paró el coche en la Castellana y era de vernos al lehendakari y a mi empujar el armatoste en la capital de las Españas. Pena de foto.
Sus casi cuarenta años de exilio, con la sola presencia en Gernika en el Aberri Eguna de 1974, los resarció estando en todas las inauguraciones de batzokis, conferencias, asambleas e incluso en el Parlamento Vasco ya que fue cabeza de lista por Bizkaia en 1980. Su presencia era requerida y agradecida. Había en aquellos tiempos más respeto a los mayores y a la historia.
Lamento que en Donosti en la casa donde nació no haya una placa que identifique el hecho, como hay en Bilbao con Agirre y en la calle no tenga una estatua. Europa tiene todos sus lugares públicos llenos de referentes de su historia o por agradecimiento o por modelo de conducta. Y Leizaola requiere ese mínimo reconocimiento al haber sustituido al Lehendakari Agirre con tanta dignidad y haber sido toda su vida un compendio de lo que es ser un buen ciudadano vasco comprometido con su pueblo.