¿Se acuerdan del famoso «Tamayazo«? Pues eso… hay cosas que no cambian. Que, de repente, el Partido Popular quiera romper con su «pasado» y quiera mudarse de la sede de la calle Génova para dejar atrás la corrupción es un cuento chino ya que hay ciertas prácticas que las llevan impregnadas hasta en el último de sus genes.

¿Qué es eso del «pasado corrupto»? ¿Y el presente corrupto? ¿Qué es fomentar el transfuguismo sino otra forma de corrupción? ¿Qué es eso de ofrecer a tres diputados «cambiar» su escaño por un despacho (y sueldo) de consejero a cambio de romper su disciplina de voto?

Pues es lo que ha ofrecido el Partido Popular a tres trásfugas en Murcia para salvar el asiento de su presidente regional en funciones y amigo personal de «Teo el tiragüitos» a quiénes los suyos ya le creen una especie de héroe por haber frustrado la moción. ¿Un político que fomenta el trasfuguismo es un héroe?

En fin… Sin ir más lejos, una de de esos tres tránsfugas de Ciudadanos en Murcia formaba parte del equipo negociador de su partido con el PSOE (con quiénes tenía reuniones ayer por la tarde al tiempo que pactaba cargos a espaldas de su partido con el PP).

A mí, todo esto de la disciplina de voto, disciplina de partido me parece ya algo anacrónico pero, mientras el sistema no se modifique es el que hay. Y, siguiendo con ese sistema, ¿Qué ocurre si esos parlamentarios regionales se convierten en consejeros? De entrada, correría su lista electoral. Esto significa que los tres siguientes de la lista que no obtuvieron acta parlamentaria se conviertan en diputados regionales. ¿Y si los tres entrantes acatan la «disciplina del partido»? Pues estaríamos en las mismas: Otra vez sumarían para una moción de censura pero, al no poder presentarla consecutivamente Ciudadanos en la Región de Murcia, la presentarían los socialistas murcianos.

Pero, ¿Y si no la acatan? Pues, les expulsarían de Ciudadanos (al final se van a quedar cuatro y el gato). Una vez expulsados serían tránsfugas luego, habría que observar cuál es el precio pagado por la traición: Ver si alguno pudiera tener parentesco con algún nuevo consejero/a, si algún familiar o amigo fuese nombrado director general de algo, o si los propios parlamentarios entrantes tendrían algún tipo de prebenda como, por ejemplo, presidir una Comisión.

Comprar cargos, comprar poder, comprar voluntades… es una práctica mafiosa de manual que pone de manifiesto la práctica de la corrupción en estado puro. En definitiva… dinero.

Esto pone, de nuevo (no es la primera, ni la segunda vez… ni será la última) de manifiesto la falla en el actual sistema de «Listas Cerradas». Ese acto de indisciplina interna termina con un expediente de expulsión de su correspondiente partido pero, el Acta es personal y, si no quiere, se queda donde está adscrito en algún Grupo Mixto o, directamente, «acogido» por el Grupo promotor de su «traición».

El asunto, más allá de aquella cacareada Ley «Antitransfuguismo» que no sirve de nada, tiene solución si hubiese voluntad política: Mientras existan las «Listas Cerradas» todos sus componentes deberían firmar notarialmente una serie de normas, es decir, elevar a «público» su compromiso para, llegado el caso, poder exigirle judicialmente dicho compromiso. Nada de «códigos» éticos ni paparruchas que, en estos casos, jamás obtienen su finalidad.

Otra opción es la aplicación universal del sistema de «Listas Abiertas» puras. Así, si el representante que obtiene escaño y tiene firmado el citado compromiso notarial, en el caso de que actuase como estamos viendo ahora en Murcia, un solo ciudadano que se dijese su elector podría reclamarle judicialmente el cargo con la ventaja que ahí, no «corre lista» sino que el nuevo electo sería la o el siguiente que más «X» hubiese obtenido en su Circunscripción. En el caso de ser un electo por designación de un tercer legislativo (como las y los senadores elegidos por designación autonómica) la cosa se simplifica ya que se le destituiría a propuesta de su formación mentora y, de forma pactada, se procedería a una nueva designación.

Resumiendo: Nada de esto que observamos con asombro ocurriría si estuviese previsto con leyes y mediante compromisos, «códigos éticos» o supuestas buenas voluntades. Aquí todo el mundo es bueno hasta que, un día, es malo.

Por supuesto, todo lo que acaban de leer se escribe desde la premisa de que lo que nos están contando sea del todo cierto porque, ¿Quién me puede asegurar que este tipo de cambalaches no están urdidos por el PP y el PSOE para, respectivamente, repartirse el trozo de tarta de Ciudadanos y Podemos? No es tan conspiranóico ya que destacados cargos populares y socialistas han ocultado jamás las «bondades» de su añorado «bipartidismo» de alternancia. ¿O no? ¿Serán «cosas mías»?