Seguramente los Izaguirre en Venezuela llegaron con la Compañía Guipuzcoana de Caracas. El caso es que antes que Boris, el famoso era su padre Rodolfo, un intelectual que tenía programas culturales, de crítica de cine y de todo tipo de iniciativas. Era y es una referencia. Yo le escuchaba en la Radio Nacional venezolana.

Rodolfo Izaguirre ha escrito un doloroso alegato contra el régimen de Maduro que rueda por todas las redes y merece ser conocido. Es este:

«Tuve muchos amigos pero en la hora actual lo que tengo son más años y menos amigos. Dolorosamente, muchos han desertado con la complicidad de la Muerte. ¡ No me permitieron dar yo la vida por ellos !

De mis siete hermanos, pongamos  por caso, solo quedo yo para decirlo. Tengo sobrinos, primos cercanos y lejanos, pero los veo poco. Es una fórmula mágica para que la familia exista y se mantenga unida. Me encontraba con mis hermanos dos o tres veces al año, sosteníamos gratas conversaciones y nos abrazábamos. Recuerdo al jesuita Mikel de Viana (hoy en Deusto) exclamar en la plaza de mi comunidad: “¡ La familia es un peo permanente !”. 

Ver a la familia una o dos veces al año es razonable. En cambio, sentimos más llevadera la familia que vamos adquiriendo. Veo, converso, paso más tiempo con mi amigo que con mi hermano más cercano. Sin embargo, he perdido a muchos viejos compañeros que creía eran amigos. Me refiero a los que quedaron anclados en el sarampión comunista juvenil y se volvieron adictos al chavismo y siendo poetas de altos vuelos no vacilaron en cuadrarse ante el comandante oscuro y ominoso y decirle:”¡ Ordene, Comandante !” o afirmar que hoy el mejor poeta venezolano es Hugo Chávez … 

Dejaron de ser los amigos que tuve en el mundo de la cultura: cineastas, poetas, intelectuales y artistas plásticos. 

Dejaron de frecuentar mis pasos que igualmente eran los pasos suyos y no los volví a ver. Tienen, desde luego, el derecho de ser comunistas, chavistas o maduristas … pero no puedo explicar, aceptar o perdonar que sean Rigolettos del sátrapa … 

Mi caso no es único, pero el hecho es que dejaron de ser mis amigos porque cada vez que Chávez se ofuscaba llamándonos escuálidos, fascistas, traidores o vendepatrias en ningún momento alzaron la voz para decirle al caudillo que el fascista era él; decirle: Comandante, conocemos a Rodolfo Izaguirre desde hace más de sesenta años y nos consta que no es un fascista ni ningún traidor a la patria sino un venezolano que paga los impuestos, adora al cine, está bien casado y se empeña en escribir crónicas amables.

¡ Pero no lo hicieron ! Dejaron que Chávez siguiera ladrando sus ofensas, decapitara las jerarquías culturales, me negara la vida y prolongara la jactancia de sus equivocaciones en la mayor catástrofe política, económica, social y cultural en la historia del país.

¡ Antiguos amigos que chapoteando en el pantano de un necio socialismo permanecen callados ! ¡ Cómplices ! No han tenido el valor de distanciarse de la perversidad y de la brutal arrogancia del narcotráfico … Doblegaron el espíritu … ¡ Disolvieron su dignidad en aguas podridas ! 

¡ Se alejaron de la poderosa energía del arte y sucumbieron !

No los menciono porque ellos conocen sus propios nombres. 

Les llevo una gran ventaja porque a ellos los arrastra la Muerte, pero yo en cambio, moriré pronto porque tengo noventa años y, sin embargo … ¡ pertenezco a la vida !