Entiendo que desde el punto de vista personal un hijo no descalifique a su padre y menos ostentando una jefatura del estado gracias a él. Lo entiendo. Lo que no entiendo es a la Brunete Mediática, esa prensa vertebradora de España, o es lo que ella se cree, que base en una mentira su información sobre lo ocurrido este martes, en el acto del Congreso, 40  aniversario del 23 F. El tratamiento áulico dado al acto es ejemplo de la patente de corso que otorgaron a Juan Carlos de Borbón para realizar sus fechorías. Por no criticar ni señalar no lo hicieron con un señor que cómodamente se encuentra en Abu Dhabi, el mismo que cuarenta años más joven propició el intento de golpe de estado. Una anomalía que no merece comentar.

Expongo a continuación un hecho como es la desclasificación (en España no existe esa palabra) de documentos de la acción exterior alemana en relación con sus embajadores. Así como lo que estamos sabiendo estos días relacionado con las torturas y asesinato de Mikel Zabalza y de Lasa y  Zabala, las cosas se van sabiendo y se sabrían más si no existiera esa ley de hierro del PP y el PSOE para no contar la verdad, tratarnos como menores, y no desclasificar, como en Alemania, la documentación existente..

No hace mucho, el 5 de febrero de 2012, y mientras su tocada imagen aún no había logrado reponerse de la estocada del caso Urdangarin, salió a la luz el relato del embajador alemán en el Estado español entre 1977 y 1982.

En un informe publicado en febrero de 2012 por el prestigioso semanario alemán Der Spiegel Lothar Lahn narraba a su país que el rey español pudo haber mostrado «comprensión» hacia los artífices del intento de golpe de Estado, cuan­do no «simpatía». La revista difundió extractos del despacho 524, recientemente desclasificado por el Ministerio de Exteriores germano junto a otros documentos de la época, y enviado por Lahn al Gobierno que presidía entonces el canciller socialdemócrata Helmut Schmidt. Fuentes de la Casa Real, por su parte, manifestaron a EFE que «el papel y la actuación del rey el 23-F están ya consolidados por la historia, y el modo decidido y determinante como actuó en defensa de la democracia es conocido por toda la sociedad española y en todo el mundo”.

Mentira. Me quedo con lo dicho por el embajador.

El semanario alemán señaló que el embajador de Alemania en el Estado español entre 1977 y 1982, y fallecido en 1994, mantuvo una conversación de carácter privado con el monarca el 26 de marzo de 1981, en la que Juan Carlos le habría comentado sus impresiones acerca del fallido golpe. El rey, según el informe, «no mostró ni desprecio ni indignación frente a los acto­res; es más, mostró comprensión, cuando no simpatía». Según ese mismo texto, el monarca le habría dicho al embajador que «los cabecillas solo pre­tendían lo que todos deseábamos: concretamente, la reinstauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad». Siempre según ese mismo dossier, Juan Carlos I le habría manifestado a Lahn que la responsa­bilidad última del intento de golpe de Estado no fue de sus cabecillas, sino del entonces presidente español Adolfo Suárez, a quien reprochó «despre­ciar» a los militares. Por ello, le habría aconsejado sin éxito que «atendiera los planteamientos de los militares», y habría apostado por influir en los tribunales para evitar un castigo severo para los artífices del 23-F.

Hicimos  preguntas parlamentarias. La Mesa del Congreso no aceptó ni una.