Definitivamente nos hemos vuelto locos o, quizá sea más acertado decir que quieren volvernos locos. Ya «salvamos el verano» y vimos las consecuencias. Las consecuencias de «salvar la Navidad» las seguimos viendo. Y, ahora, atónitos vemos eso de «salvar la Semana Santa«… Luego vendrá lo de «salvar la Feria de Abril» y no sé qué coño más habrá que «salvar«.

No dejan de ser absurdos debates alentados por gobernantes irresponsables. Afortunadamente también los hay responsables. Sin ir más lejos, María Chivite (Presidenta de Nafarroa) ya ha hecho un previsible adelanto relativo a los Sanfermines. Como bien expone, lógicamente, nadie sabe cómo estaremos en julio pero es realista y objetivo aseverar que nada hace indicar que fuesen posibles celebrar esos festejos y, aunque la situación fuese mejor (ojalá), tampoco sería ni medio normal convocar a una masiva aglomeración a la que acuden millones (sí, millones) de personas de todo el Mundo.

Es igual… Ya irá a Iruñea-Pamplona a hacer el indio alguna desequilibrada presidenta de otra Comunidad autónoma para decir eso de que «con ese ambientazo os tienen con todo cerrado«. De hecho, hace cuatro días lo hizo en la campaña electoral catalana cuando «soltó» sin pestañear aquello de que «con este tiempo tan bueno que tenéis os tienen en casa con toda la hostelería cerrada«. Es como para meterla directamente en la cárcel si no en un frenopático (quizá un lugar más apropiado para ella). Al hilo de esto, también se ha de resaltar (más bien denunciar) que haya en estos momentos una campaña electoral en un lugar especialmente afectado por la Pandemia como lo es Catalunya. Y es que, al parecer, hay políticos para los que prima más el rédito electoral que la salud de la ciudadanía. En este caso, el aludido ya lo venía demostrando en su anterior etapa al frente del Ministerio de Sanidad.

Aquí de lo que se trata es de salvar vidas y no salvar festejos por más presión que ejerzan colectivos que todos tenemos en la cabeza. Y conste que comprendo perfectamente la situación por la que atraviesan esos profesionales pero, para paliarla, se han articular ayudas (más, si es preciso) reales, rápidas-ágiles y del todo sencillas en su tramitación. Lo que se quiera antes de subirse a ese absurdo eslogan de «salvar» lo que sea.

Las consecuencias de esas «salvaciones» las hemos podido ver todos con, por desgracia, unos resultados nefastos. La pregunta que se ha de hacer es ¿Cuántos muertos estás dispuesta a asumir la sociedad? Y no hay otra pregunta. Cuando se tenga la respuesta, solo entonces, que empiecen a «salvar» lo que se les ponga justamente ahí. Sí, ahí mismo, ni más arriba ni más abajo.

Que no cuenten conmigo.