Escuchaba ayer, martes, la queja de una señora en el programa Hoy por Hoy-Bilbao (Radio Bilbao, Cadena SER-Euskadi) acerca de que ya llevaba no sé cuántos escritos presentados en el Ayuntamiento reclamando servicios (WC) móviles en las calles de Bilbao. Argumentaba que, al estar la hostelería cerrada, es muy difícil acceder a un baño ya que en la Villa de Bilbao son, ridículamente, escasos. El presentador del programa, Juan Carlos Otaola, dejaba claro que el Ayuntamiento de Bilbao había sido invitado a participar en el programa para dar respuesta a ese tipo de peticiones (que, me consta, son numerosas) pero que habían declinado participar.

Al margen que no entiendo como una Administración puede declinar participar y responder a este tipo de -lógicas- demandas de la ciudadanía, lo que planteaba esa señora era del todo lógico.

La pregunta es sencilla y directa: ¿Dónde puedo mear? Si lo hago en la calle (y eso que los chicos lo tenemos más fácil aunque, a ciertas edades, más jodido por cuestiones de salud relacionados con la próstata) y te «cazan», la sanción asciende a 90 euros. Imagino que algo parecido ocurrirá en cualquier otro lugar. Técnicamente, sí se puede orinar en la calle hasta delante de un Agente de la Autoridad pero el problema es que tienes que hacértelo encima (aunque el pis no empapado por la ropa se derrame en la vía pública). Tampoco creo que sea la solución óptima.

Pero el caso es que mi perro puede mear en la calle y yo no. En una ocasión, que no aguantaba más, con toda la hostelería cerrada y sin baños públicos, no me quedó otro remedio. Me vieron tarde, ya con la cremallera subida, y les dije que había sido el perro (que lo había hecho contra otro árbol un poco más abajo). Y porque mi perro me daba la razón, se fueron farfullando.

Ojo que estoy hablando de «aguas menores» y, estaciones de trasporte público (como el funicular de Artxanda). En el Metro de Bilbao no hay servicios y eso que Norman Foster los incluyó en el diseñó en las estaciones de origen, destino y alguna intermedia, pero por aquello de que en los ochenta y a principios de los noventa la gente se pinchaba caballo, pues optaron por no abrirlos.  O eso dijeron. Y hasta hoy, existir existen pero solo para su personal. Y hablo de un medio de transporte moderno cuyo trayecto máximo dura aproximadamente una hora. Muy moderno y accesible pero, si te meas, te meas. recuerdo que sugerí trasladar los paneles con los tiempos o frecuencias ubicándolas desde encima de las máquinas canceladoras (a dos tramos de escaleras mecánicas de profundidad en la mayoría de Bilbao) a los accesos. A arriba, debajo de los «fosteritos» u otros accesos. El motivo es que, en situaciones de no cierre de la hostelería, pudieses ver, de forma especial cuando las frecuencias son más largas, lo que faltaba para que llegase el tren, calcularlo y, poder ir a un bar a mear antes de entrar. Me dijeron que era una buena idea. De nuevo, hasta hoy.

En algunos centros comerciales o grandes supermercados han cerrado los servicios porque, en efecto, la gente acudía allí sin otra intención más que la fisiológica. Ahora, esto de la pandemia sirve hasta para poner el cartelito de «WC fuera de Servicio» cuando no el de «Uso exclusivo para clientes». Y podría extenderme indefinidamente aunque la conclusión sigue siendo la misma: ¿Dónde puedo mear? ¿Tanto cuesta instalar unos baños públicos como los que se instalan con motivo de fiestas o eventos especiales?

Y todo esto lo estoy diciendo más por personas mayores que por mí. Yo, cuando observo que, con el dinero de mis impuestos no me ofrecen soluciones, se buscarme la vida.

No estaría de más un poco de empatía y menos declinar invitaciones para explicar, si lo hubiese, algún «problema» que impide instalar esos servicios portátiles en la vía pública.