Uno se queda de piedra cuando lee que «El Ayuntamiento de Bilbao sopesa condonar el pago de los 250.000 euros anuales que la adjudicataria de la Plaza de tortura de Vista Alegre -Toreo Arte y Cultura (BMF)- pactó abonar por la explotación del coso«. Prosigue la noticia desarrollando cómo «El Consistorio baraja esta posibilidad por el impacto de la pandemia, que obligó a suspender la feria del pasado año y todo tipo de festejos taurinos. La Corporación tampoco descarta posponer el cobro hasta que la concesionaria pueda reiniciar la actividad, que se encuentra paralizada desde finales de 2019. De hecho, el Ayuntamiento está a la espera de que se produzca el acuerdo entre las partes sobre el cambio de los términos contractuales, ‘de manera que el cumplimiento de las obligaciones y responsabilidades de los copropietarios integrados en la Junta queden debidamente salvaguardadas’. Alfonso Gil, concejal de Movilidad y Sostenibilidad y el más taurino de todos los ediles que componen la Corporación, está llevando directamente las gestiones«.

Vamos a ver… Cuando Bilbao se está llenando de lonjas, despachos y oficinas cerradas para siempre por la imposibilidad de hacer frente a los alquileres; cuando miles de ciudadanas y ciudadanos de nuestra Villa no saben cómo hacer frente a sus obligaciones tributarias municipales, a causa de la pandemia; el Ayuntamiento de Bilbao sopesa condonar (para entendernos, perdonar) el alquiler de la Plaza de torturas de Vistalegre a un magnate mexicano.

Un dinero público que debería ser ingresado en las arcas municipales y en la Casa de la Misericordia. O sea, que sopesan regalar nada menos que 250.000 euros (+ IVA) a un sector en absoluto declive, moralmente deleznable y que, insistan lo que insistan, NO ES cultura. El maltrato y la tortura animal jamás puede serlo

Que ande con mucho ojo el Ayuntamiento de Bilbao porque el precedente puede ser considerable ya que cualquier ciudadano podría solicitar que le condonen cualquier deuda derivada de un alquiler municipal o, si no, posponer el cobro hasta que el ciudadano pueda reiniciar o sacar a flote la actividad que realice. Porque eso de satisfacer a una empresa taurina en lo que necesite y al ciudadano ni agua va a ser que no tiene ni medio pase. Y ni agua cuando no le achicharran con recargos e intereses mediante la Vía de Apremio aplicados por la Recaudación Ejecutiva.

Mucho cuidado con todo esto porque, como perfectamente saben los responsables municipales, ni en asadores de estrecha entrada en calles de bardo apellido pueden salir del foco. Bilbao es un pañuelo y, muchas veces, como en este caso, lleno de mocos. Si esos millonarios no pueden pagar, lo tienen bien fácil: Se anula el contrato de concesión, se derriba ese ruinoso antro y se destina a algo más productivo y edificante para la Sociedad que no sea esa actividad sádica, anacrónica y sin futuro alguno. Una actividad simplemente destinada a la satisfacción de, afortunadamente, cuatro gatos (y cada vez menos).

Lo dicho: Mucho ojo y mucho cuidado con estos cambalaches porque hay muchas y muchos ciudadanos que estamos puntualmente al corriente de este tipo de operaciones por no llamarlas, directamente, sospechosas maniobras.