Nuestras emociones son la brújula para saber si lo que hacemos nos hace grandes o nos hace pequeños. Si nos lleva la pasión y el entusiasmo o nos vendemos a la rutina y el hastío… Si somos extraordinarios o decidimos ser corrientes y vivir con poco riesgo. Lo que sentimos nos guía y remueve. Nos dice si vamos bien o mal, nos dibuja el camino. Pero, sobretodo, nos demuestra lo que es obvio:
Que no hay fórmulas magistrales ni pócimas mágicas.
Las respuestas que buscamos las llevamos dentro. Las sabemos siempre de antemano, pero a veces no queremos verlas o no podemos porque nos falta perspectiva. Porque ponemos el foco en el lado equivocado y hay una parte que nos queda oscura y no visualizamos. A menudo, incluso somos conscientes de que no lo vemos todo, pero no sabemos cómo cambiar esa perspectiva. Damos vueltas en un rincón, en una esquina reducida de una gran extensión de terreno que está ante nosotros y casi no nos atrevemos a explorar. Como si nos pasáramos la vida subiendo y bajando el mismo escalón y quisiéramos llegar al cielo o nuestra vida se limitara al metro cuadrado que nos rodea.
A veces, pensamos que estamos en la casilla de salida y en realidad llevamos tiempo en la cárcel y debemos empezar a jugar y apostar por nosotros. ¿Cuál es la ruta? Nuestros valores, nuestra forma forma de existir, nuestras lineas rojas, aquello que queremoss ser y lo que no… Lo que nunca dejaríamos de lado y lo que no nos debería de importar perder, porque el miedo nos cierra los ojos y nos fabrica excusas. Excusas que que buscan culpables a quien señalar, ya se llamen Fernando o Rubén, cuando los verdaderos culpables son los que nos dirigen (EN ABSOLUTAMENTE TODOS LOS SENTIDOS DE LA PALABRA)

A veces creemos que sabemos mucho porque hemos madurado. Porque a base de tanto tropezar, hemos encontrado muchos trucos para sobrevivir y levantarnos. Los mantras que nos repetimos para poder seguir están diseñados con el ADN de lo que soñamos y deseamos, con nuestros miedos y nuestros triunfos. Pero está claro que no bastan para sacarnos del escalón. Deberíamos replanteárnoslos todos desde el principio porque tal vez nuestros credos están equivocados o ya no nos sirven porque hemos cambiado y no nos representan.

Mexan por nos e din que chove ¿E temonos que mollar? ¿Hasta cuando?