El hombre de los ojos saltones, moviendo los hombros y sacudiendo con fuerza la cabeza, hizo sonar durante unos minutos el cencerro que llevaba colgado del cuello por una cinta de cuero.

– ¿Qué le parece? Admita que es genial – dijo al quedar quieto.

– Pues, verá… – respondió el director del programa de televisión, que no sabía qué responder. Y no pudo seguir.

– Mire. Seguramente usted ha visto la película Ben Hur. Allí aparece la familia de Charlton Heston con una campanilla tipo cencerro ahuyentando al personal ya que estaban enfermos de lepra y no tenían vacuna. La gente se apartaba de ellos. Algo así podría hacerse hoy con los asintomáticos. Un cencerro es la solución para evitar los contagios

Con este invento se podría ir a los bares y a los partidos de pelota. La gente sabría a qué atenerse. Lo malo de este virus es que es silencioso y al silencio hay que combatirlo con música armónica. Estoy seguro de que ha sabido apreciar la ruptura de la melodía y el dramatismo del tono – siguió el del cencerro – . La emoción le ha dejado sin habla.

– Realmente… – comentó el otro.

– La he bautizado “Agur 2020” porque calculo que tardará cuatro meses en imponerse en el mundo. Esta música rotunda, definitiva, distinta, acabará de una vez con la desinformación, los cierres perimetrales, los tests transgénicos y los PCR así como esa vulgaridad de quedarse en casa castigados. La nueva música significa la revolución, la libertad y el progreso. Porta un mensaje de humanidad viva, de esperanzas hacia el futuro. La orquesta…

– ¿Qué orquesta? – preguntó el director, que volvía ya en sí.

– Esta composición está inspirada para cuatro instrumentos…

– Cencerros – puntualizó rápido.

– Instrumentos, señor. Si usted no tiene sensibilidad, si no entiende de ritmo y movimiento, si su oído es obtuso, si no sabe sentirse dentro, si carece de vibración…

– Yo sólo he oído tolón, tolón, tolón…

– Hay una gama infinita de tolones.

– ¿En un solo cencerro?

– En el tímpano exaltado por el tolón revolucionario. ¿Por qué la mansedumbre del buey? Porque escucha. Porque las ondas cencérricas le adormecen con la música que te va avisando porque lo malo del Covid19 es que no te pones morado y piensas que el vecino está sano como una manzana y picas y le das un abrazo y te llevan a la UCI.

– ¡Yo de buey no tengo nada!

– No ha aprendido usted nada de los chinos. Ellos han aprendido que no hay que comer murciélago y ahora lo avisan con un timbre pero esto es mucho más armonioso y nos recuerda al Gorbea. No sea retrógrado ni conformista! iSordo! – vociferó el del cencerro -. Tipos como usted retrasan el avance de la sanidad, con mayúscula. La televisión queda cerrada a la expansión de la nueva música por culpa de un insensible como usted porque carece de tímpano.

– íVáyase con la música a otra parte! – gritó el director echando la pierna atrás a punto de una patada.

– ¿Es su última palabra?

– ¡Y mi primer puntapié!

– Pues espere un momento – el del cencerro sacó un sobre y se lo tendió al director – . Lea, por favor.

El director observó el membrete, sacó un papel y leyó. La pierna fue bajando poco a poco a su posición normal.

-¿Así que es usted amigo de Salvador Illa y de Fernando Simón? En fin, creo que podremos incluir su recital en el programa. Decía usted que es una música rotunda y definitiva y que ahuyenta la pandemia. Pues a por ella.