Abogado

Hasta donde alcanza mi memoria, no recuerdo mayor anhelo comunitario por pasar la hoja del almanaque y dar entrada al nuevo año. Pocas veces un Año Nuevo tuvo más fácil superar las expectativas del precedente y abrir una puerta a la esperanza. Acaso podría pensar en 1975, pero ésa es otra historia. Tanta paz lleve 2020, como dolor deja.

El 2021 será necesariamente momento de remontada. Hay partido. Habrá, mejor dicho, muchos partidos, porque será inesperado año olímpico. La pandemia forzó a pasar el testigo: del Tokio 2020 al Tokio 2021. El lema del COI (“más rápido, más alto, más fuerte”) tendrá que ser abrazado también como consigna colectiva en la tarea de reconstrucción social que nos aguarda, cuando podamos ir dejando atrás de modo paulatino mascarillas, hidrogel, UCIS…. Se presentan en este objetivo factores positivos: vacunas, presupuestos, fondos europeos para la crisis. Luces al fondo del túnel, el principio del fin.

A la tradicional lista de buenos propósitos por estas fechas, se une ahora la relación de asuntos pendientes, que no son pocos, ni nimios. Hemos llegado hasta este punto con un enorme esfuerzo colectivo y ese esfuerzo colectivo será el que nos saque adelante. No serán las zancadillas, ni los palos en las ruedas, ni estériles disputas políticas egoístas lo que nos haga progresar; serán valores y principios de sacrificio y solidaridad como los que se encuentran ínsitos en la esencia del Deporte.

Tengo la fortuna de vivir en una ciudad que rezuma deporte y solidaridad por todos sus poros. Al impulso de cualquier buena causa, sus calles se tiñen de color (rosa, verde, amarillo…) y se llenan de camisetas y chándales. Miles de personas aportaron en cada llamada su granito solidario en la lucha contra otra terrible enfermedad: el cáncer.

En época de triunfos ventanas y farolas se han engalanado de blanquiazul y de blanquiverde (confío en que más pronto que tarde, con las redes de las canastas al cuello, el naranja cuelgue en los retrovisores de los autobuses de la Compañía de Tranvías). Los colores en A Coruña se lucen en las buenas épocas y no se olvidan en los periodos de sinsabores que la vida a veces depara.

Hice referencia al baloncesto, al hockey sobre patines y al fútbol, pero lo mismo podría haber dicho de otros muchos deportes practicados y valorados por estos lares: rugby, halterofilia, atletismo, voleibol, fútbol-sala, balonmano, natación, vela, remo, patinaje, etc, etc… La invitación a dar lo mejor de uno mismo, el espíritu del esfuerzo, el no rendirse, el dar un paso o una brazada más, aunque duela, está presente en todos ellos. Y su práctica llega a superar incluso las barreras carcelarias.

Aludo a la solidaridad y llegan a mis oídos músicas, llegan voces. En el confinamiento, a la hora de los aplausos desde ventanas y balcones (¡ay, esos aplausos…!, ¡en qué quedaron esos aplausos!) resonaba desde algunos altavoces el “Resistiré” del Dúo Dinámico. En mi cabeza y en mi reproductor (que para eso había adquirido el pendrive recopilatorio) sonaba con mayor frecuencia el “Amo” de Silvia Penide, por mensajes como éste:

“Amo a aquellos que se parten las espaldas trabajando /

y aun así llegan a casa y siguen siempre soñando…”

Hay músicas y hay voces que son manos tendidas de talento y simpatía solidaria. Mencioné a Silvia Penide (@SilviaPenide), como podría haber mencionado a Las Antonias (“lasantonias.band”), a Borja Quiza, a Fernando Briones, a Marcos Seoane, a la OSG de maestros como José Trigueros o Juan Ferrer; a agrupaciones, coros o artistas individuales que, a pesar de haberlo pasado extraordinariamente mal en estos meses, han estado dispuestos a responder con su arte a los requerimientos solidarios. Empaticemos con el pequeño comercio, con la hostelería, con los autónomos, sí; pero empaticemos también con la cultura, con el arte: son alimento del espíritu. Trabajo para unos y entretenimiento para todos. Profesionales y amateurs ansían sus momentos (pienso en grupos de teatro por mí añorados, como los de ADACECO, ICACOR o en la Compañía de Teatro Noite Bohemia)…; y el público también ansía disfrutarlos.

Cuando, pasados los meses, gracias a las vacunas, se levanten o suavicen las barreras epidemiológicas, el 2021 puede ser un año “disfrutón”, un tiovivo festero. Muchas celebraciones acumuladas pendientes: cumpleaños, aniversarios de boda, graduaciones, … Un sinfín de encuentros cancelados o discurridos con el freno de mano puesto. Van a faltar días en el calendario u horas en los días para recuperarlos todas. Duelen en el corazón los irremediablemente perdidos: por motivos familiares no podré acompañar a Roberto Moskowich (querido compañero y padrino en el Club de Leones Marineda, periodista infatigable y viajero sin fronteras) en su VII Aniversario Vital…. Sniff. Sumar y seguir.

Ojalá el San Juan, con sus Hogueras y sus Meigas, dé el pistoletazo de salida a la normal normalidad: fuego purificador, ¡lume!  Es preciso recuperar el habitual contacto humano. Se echa en falta. Lo eché en falta hace unos días, en el solidario #ARadioConta2020. Estaban las voces (voces conocidas e inconfundibles), pero yo deseaba visualizar, como antaño, la magia de las ondas: la presencia humana. Todo llegará. Todo volverá.

Remataré este texto resaltando tres palabras y un anagrama de tres letras. Las primeras corresponden al latinajo que cotitula este artículo y las otras simbolizan la constancia y la perseverancia frente a los obstáculos en la investigación y el saber científico: Citius, Altius, Fortius. ARN.

Feliz Año Olímpico.