Hace unos días (8/12/20) “La Voz de Galicia”  “trazó” una lograda semblanza de Doña Herminia Borrell, mujer culta, precursora en su tiempo, y figura distinguida en los ámbitos sociales. El magnífico cuadro que ilustraba la información de la señora Borrell, es una auténtica obra de arte cuya autora Elena Olmos, esposa del prócer republicano Leandro Pita Romero, estaba considerada como una miniaturista de prestigio internacional. El matrimonio vivió en Buenos Aires a raíz de la Guerra Civil, pero rara vez se privaron de retornar al veraneo de Ortigueira, localidad, terruño de los Pita Romero. En la actualidad están enterrados en el “Jardín de la Paz” necrópolis de la provincia de Buenos Aires, cercana a la capital argentina. Tuve el honor y alto privilegio de contar con su amistad, durante mi larga estancia en la “quinta provincia gallega”, en funciones profesionales al Servicio de España. Como es sabido, Max, hermano de Doña Herminia, era asiduo acompañante en las jornadas de pesca de Franco, singularmente, durante su veraneo en las Torres de Meirás. El dato desconocido, en la información divulgada en el diario coruñés, confirma que el escritor periodístico es un perpetuo postulante de la atención pública. Pocas veces, está seguro de ella, y lucha, a diario para ponerse a buen recaudo. En esta tarea, no se llega nunca, siempre se aspira en acertar con la urgencia y la ansiedad de la publicación inmediata, que puede frustrarse. La urgencia periodística merece ser tratada con indulgencia, tanto como el principio mayeútico que inspira alguna rectificación.

OTROSIDIGO

Caracterizar el idioma español como “vehicular” es tanto como proscribir a los grandes autores gallegos, Valle-Inclán, Cela, Cunqueiro, Pardo Bazán, Rosalía, Martínez Risco, Camba, Torrente Ballester, y un largo etecetera, cuyas traducciones vernáculas quedaron en nuestro territorio situadas más próximas a la leyenda que al conocimiento.  Estudiar tan gigantesca obra es imprescindible para el dominio de los recursos expresivos tan que la novela, el mito y la fantasía, se han refugiado en la economía. El idioma español aportaba el 33 por ciento del PIB nacional. Aquí seguimos con los “normalizadores”, que dan vidilla a personajes peculiares y que no pueden pactar ni con la Naturaleza ni con la Historia. El pinganillo “traductor”, entre los senadores autonómicos que prescinden del español, cuesta 12.000 euros al erario público cada vez que se usan en sesión parlamentaria.

ACNÉCDOTA

En la confluencia de dos universos lingüísticos, por ejemplo en EE.UU., funcionan 2000 Universidades y Colegios con Departamentos de Español muy concurridos. La historiadora y gran escritora María Elvira Roca ha manifestado: “Ha estado muy fino el Sr. Feijóo desde su corralito “identitario”. Total una lengua que hablan 500 millones de personas ¿Para que la quiere nadie?