Abogado

Existen pequeños grandes gestos que agitan conciencias y ayudan a que el mundo avance y la humanidad evolucione. Pequeños grandes gestos que, en principio, parecen al alcance de cualquiera. Ahora bien, cualquiera no siempre está dispuesto a asumir las eventuales consecuencias que ese gesto pueda acarrear.

Diego Armando Maradona fue un futbolista excepcional, un crack. Sus cualidades técnicas y la repercusión mediática de su juego lo elevaron a la categoría de figura mundial, un icono deportivo. Su Mundial, en Méjico 86, quedó impreso en mi retina, como en la de cualquier que disfrute del fútbol como deporte. Su reciente muerte desencadenó homenajes por doquier.

Los actos de exaltación y recuerdo se sucedieron no sólo en las ciudades cuyos equipos acogieron a Diego como jugador, sino en los rincones más insospechados. En uno de esos lugares, el campo donde iban a celebrar un partido de fútbol femenino el Deportivo Abanca y el Viajes InterRías FF, una jugadora de este último club, Paula Dapena, decidió sentarse de espaldas en el césped y no participar en el minuto de silencio en recuerdo de Maradona.

Sufragistas August Landmesser

Las convicciones feministas de esta jugadora chocaban con rendir homenaje a quien arrastraba un historial de vejaciones y malos tratos a mujeres. Una de las facetas, junto con la adicción a las drogas, poco edificantes de Diego Armando Maradona como persona. La vida de Diego no se reducía a los campos de fútbol.

Paula Dapena, Tiananmen

Yo aplaudo el gesto de Paula Dapena, la valentía de llevarlo a cabo, la dignidad de conciencia que supone asumir y defender las propias convicciones por encima de la comodidad de dejarse llevar por el sentir más generalizado. Ir contra corriente, desafiar el orden establecido, o cuestionar al líder carismático (incluso fallecido) conlleva asumir, de modo actual o puntual, el riesgo al ostracismo acaso mayoritario, o a la incomprensión de quienes anteponen la veneración al respeto a la libertad de conciencia y de expresión.

Rosa Parks, MLutherK, Black Power

Acaso resulte osado comparar o equiparar el gesto de Paula Dapena con otros icónicos gestos como los de Rosa Parks, August Landmesser, Vivian Malone, Peter Norman y sus compañeros atletas del Black Power, …, el anónimo ciudadano chino de la Plaza de Tiananmen… Pero este texto no va de equiparación gestual, sino de reivindicación de esos pequeños grandes gestos en nuestro día a día; pequeños grandes gestos al alcance de cualquiera de nosotros en nuestra vida cotidiana y que, a veces, demasiadas veces, no estamos dispuestos a dar, para no significarnos ante la masa.

El lema «Je suis Charlie» se hizo popular en una campaña de solidaridad con la revista satírica francesa «Charlie Hebdo«, objeto de un atentado yihadista. Frente a los descalificables insultos y las inadmisibles amenazas recibidas por Paula Dapena tras su «sentada», aunque en mi caso sea más fácil decirlo (avanzo que no tengo noticia de que seamos parientes), como muestra de respeto y solidaridad hacia ella expreso sin ambages: «Je suis (Paula) Dapena«. Chapeau!