El acoso al idioma español ha sido una de las noticias más llamativas del mes de Noviembre. La lengua común, esencia de nuestra cultura, nos coloca en un caso único “que la lengua oficial no sea la lengua vehicular”. Recordamos que en el mundo, en el sistema educativo de los países que citamos a continuación, el español es el idioma oficial: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, San Salvador,  Guinea Ecuatorial, “España” Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. A este respecto la académica de la Historia y de la Lengua, Doña Carmen Iglesias ha dicho “la inmersión va en contra de los más desfavorecidos y rompe toda pasividad de igualdad en la enseñanza”. ¿Qué camino seguirán los países citados? En todo el mundo hispano, por sus venas invisibles, los españoles vivimos en la circulación de la patria lejana. Cuando las palabras se abaratan sufrimos una decepción. Los periodistas, por ejemplo, estamos presos no solo de nuestras palabras sino de quienes desean lo que las palabras, digan. Al presidente Sánchez solo le interesaba el apoyo político para aprobar los PGE, no quienes lo hacían. Zapatero aseguraba “que las palabras han de estar al servicio de la política”. Sobre el vernáculo, el entonces alcalde coruñés, Javier Losada, actual delegado del Gobierno tenía su propio criterio “La defensa del “gallego” no es asunto “preferente” para los socialistas. El ex presidente de la Xunta, Touriño, más prudente, deseaba: “confío que el idioma gallego no sea motivo de división lingüística”.

OTROSIDIGO

Touriño en su moderación nunca quiso polemizar con el poder central. En una visita de la ministra de Fomento, Doña Magdalena Álvarez a La Coruña, huérfana entre las asignaciones de los presupuestos del Estado, Touriño manifestó “Las inversiones del Estado en infraestructuras ferroviarias son “excesivamente pequeñas”.

ANÉCDOTA

Recordemos un episodio chusco de la crónica local. A un ciudadano de apellido Patiño, se le ocurrió intervenir para separar a dos gamberros que se zurraban en la vía pública. El Sr. Patiño, hombre de bien, fue confundido por el redactor del periódico y al dar la noticia señaló al Sr, Patiño como uno de los agresivos y así se publicó. El Sr, Patiño pidió la aclaración y el diario lo hizo con el siguiente titular. “El Sr. Patiño no es ningún gamberro”. La urgencia periodista debe ser tratada con indulgencia, tanta como el principio mayéntico que inspira alguna rectificación.