Acabo de ver la serie de 8 capítulos “Desafío. ETA”. la dirige Hugo Stuven que es un buen profesional y que ha logrado presentar un producto bien acabado, con imágenes muy impactantes, una música adecuada y un montaje excelente, aunque muy escorado. Lógico. La dirección la ha hecho José Antonio Zarzalejos, ex director del Correo español y del ABC y ahora opinador y fustigador del nacionalismo que incluye a su hermana Charo como una de las contadoras del relato. Podía haber puesto a su padre el gobernador civil de Bizkaia que dimitió cuando se permitió legalmente izar la ikurriña. Hijo de gato, caza ratones.

Su gran mérito es contar los cuarenta años de ETA excluyendo totalmente la existencia y lo hecho por el PNV desde el exilio para que no existiera, la manifestación del 28 de octubre de 1978, los asesinatos a gentes del PNV como Joseba Goikoetxea, Genaro García Andoain y el empresario Korta, las manifestaciones, y todo el entramado al otro lado del muro de lo que hacía ETA que era monstruoso y está bien contado en algunos casos como en el atentado de la casa Cuartel de Zaragoza, Irene Villa, Melitón Manzanas, Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara, Buesa, general  Garrido, Ernest Lluch, Gregorio Ordoñez, T 4, Pardines, Sokoa, Hipercor, el último policía francés y su hijo y casos individuales devastadores. Son testimonios muy impactantes como el relato que hace Gorka Landaburu de su atentado.

Pasa  muy por encima de la existencia del Gal y deja que Rafael Vera minimice el secuestro de Marey  y los 27 asesinatos  que hubo nada menos por algo que llamaron eufemísticamente como terrorismo de estado. Son manchitas en el armiño. Los guardias civiles que hablaron tan solo se defendían, según lo que nos dijeran, y Galindo no cumplió los años de prisión a los que fue condenado. Tampoco sale aquella singular fotografía de Felipe González ante la puerta de la prisión de Guadalajara. Aquello fue una defensa absoluta de ese terrorismo de estado que mandó un letal mensaje al mundo de ETA que fue la ley del talión. Tú matas, yo mato.

Es verdad que muy de vez en cuando se pone encima de la mesa algún tipo de crítica a esos abusos y crímenes pero por alguien tan poco representativo como Ángel Alcalde  o indirectamente José Luis Elcoro. Lo curioso es que todo  empieza con dos testimonios tan increíbles y manchados como los de dos  antiguos miembros de ETA como Eduardo Uriarte y Jon Juaristi que aparecen  como los fustigadores de aquella etapa absurda y cruel. La elección de estos dos estómagos agradecidos, tiene bemoles.

El hilo conductor del relato desde la Guardia Civil lo hace Manuel Sánchez Corbí, condenado por torturas e indultado por Aznar (ni se menta esta circunstancia con lo que se ve la intencionalidad manipuladora de la serie)  y otro teniente general, menos apasionado que el primero quienes  desgranan desde su lógica la lucha de ETA describiendo acciones y cada  uno de los cabezas y jefes de comandos como Txeroki, Santi Potros, Paquito, Ternera, Gaztelu, Kubati y hasta el secuestro y asesinato de Pertur. Es verdad que aparecen  Garaikoetxea, Ardanza, muy anecdóticamente uno de los monstruos de Zarzalejos como Arzalluz al que desprecia y más breve todavía Ibarretxe, algo más Atutxa, pero la voz cantante política se la llevan Aznar y Mayor Oreja con lo que el guiso está servido.

Recuerdo que  en una oportunidad en pasillos del Congreso, ante mis críticas a Rajoy por la obsesión de Aznar de vincular nacionalismo con ETA me dijo: ”No te olvides que es una víctima de ETA”. Tenía razón, pero me estaba diciendo que el atentado que sufrió no le dejó secuelas físicas pero sí mentales.

Sale finalmente alguien sobrevalorado como Jesús Egiguren, como uno de los factores  del fin del terrorismo, cuestión que no es verdad. Tras el cese definitivo hay muchísimas iniciativas de todo  tipo, como la de Loiola y otras muchas que interesa silenciar y dar protagonismo a un tonto solemne, como le llamó Rajoy a Zapatero y a Eguiguren. Por cierto, Patxi López se enteró de la decisión de ETA en un tren viajando de Washington a Nueva York y en ese momento era Lehendakari.

A pesar de ser un producto nada objetivo, sectario y manipulado, se puede ver con interés para refrescar la memoria de aquella tragedia que la IA sigue sin asumir. Tiene datos más que suficientes para que semejante tragedia no se olvide. Creo  por tanto que es bueno ver este tipo de trabajos, aunque, repito, estén tan sesgados y manipulados pues las imágenes siempre recuerdan algo que  nunca debería haber existido y que se resume en el canto final de esta serie como es la  conclusión a la que se llega. Fue una violencia desalmada, inútil, terrible y sobre todo que no sirvió para nada salvo para ir a los cementerios……