Como si ya fuese una tradición, las encuestas auguraban una fuerte derrota de Donald Trump en las elecciones presidenciales, pero, tal y como pasó en 2016 nada fue según lo pactado. La noche electoral se convirtió en madrugada electoral y serán unas cuantas jornadas las que tengan que pasar para vislumbrar todo de forma definitiva.

La noche electoral americana fue récord de audiencia en la televisión española, muchos se preguntarán el motivo por el que la gente aquí sigue las elecciones estadounidenses cuando muchos no saben ni cómo funciona el sistema electoral. La clave radica en el hecho de ver si Donald Trump mantiene la presidencia o no para poder celebrar o cabrearse y, eso, aunque no sepamos ni qué ha hecho como gobernante, le importa a mucha gente.

Y, con ese escenario, ¿quién ha ganado? La verdad es que aún no ha ganado ninguno de los dos candidatos. Para proclamarte presidente de los EEUU debes sumar 270 votos electorales conseguidos en los distintos estados. En estos momentos, pese a las proyecciones, los cierto es que hay 6 estados que aún no han proclamado a su ganador.

Tengo pocas dudas de que Joe Biden saldrá elegido, motivos que explicaré en este artículo, sin embargo, no ganará, ni mucho menos con la mayoría esperada, y tendrá que lidiar con minoría en el Senado, previsiblemente.

Los estados que todavía no han proclamado vencedor son Alaska, Nevada, Arizona (pese a que algunos medios ya dan proyección definitiva), Georgia, Pennsylvania y Carolina del Norte. Entre todos ellos, Biden solo tiene que sumar 17 votos electorales de un total de 71 para hacerse con la Casa Blanca, mientras que Trump necesita sumar 56.

De esos 6 Estados, previsiblemente Alaska y Carolina del Norte caerán del lado republicano suponiendo 18 votos electorales para el actual presidente. En cuanto a Arizona, parece que caerá del lado de Biden pese a la remontada de Trump en dicho estado.

Por lo tanto, las elecciones verdaderamente se juegan ahora en Pennsylvania, Nevada y Georgia y, a Biden, le llega con ganar en uno de esos estados, siempre y cuando se haga con Arizona. Georgia es un estado tradicionalmente a favor de Trump siendo la sorpresa de estas elecciones. Varios medios apuntan a que se lo llevará Biden, que ahora mismo está 30.000 votos por detrás, aunque Trump es el favorito ya que quedan pocos votos por contar allí, apenas unos 90.000.

En lo que se refiere a Pennsylvania, es el estado más jugoso de los que quedan en juego al repartir 20 votos electorales. Este es uno de los conocidos como swing states, estados que suelen cambiar de color entre cada cita electoral y que decantan la balanza. La mayoría de los swings states se sitúan al norte, en la frontera con Cánada y con un fuerte peso industrial. En 2016, Trump ganó en casi todos, pero ahora la balanza se ha inclinado para el lado demócrata que ha conseguido Minnesota, Wisconsin, Michigan e Illinois. Trump solo ha ganado en Indiana y Ohio. Parece ser, por tanto, que estos estados han hecho caso a Biden cuando se presentó a las primarias de su partido diciendo que era el único capaz de los demócratas de ganar ahí y que eso era clave para sacar a Trump de la Casa Blanca. En Pennsylvania, está muy igualado el conteo debido al alto número de voto por correo, que beneficia a Biden. Trump comenzó con más de 12 puntos de ventaja antes de contar el voto por correo, pero poco a poco esa ventaja se ha ido reduciendo a tan sólo un 2.6% ahora mismo. Entre lo que queda por contar, muchos votos en zonas tradicionalmente demócratas, aunque a Trump aún le queda algún que otro as en la manga. Biden puede perder en Pennsylvania y llegar a ser Presidente de los EEUU, es una de las opciones más probables, sin embargo, si Trump pierde ahí, se acabará esta pelea electoral.

En Nevada, uno de los estados que menos votos electorales tiene, la diferencia entre Trump y Biden es de apenas 7.000 votos, aunque la tradición demócrata y la victoria de Hillary en 2016 parecen decantar la balanza del lado de Biden.

Pero la carrera presidencial también nos dejó sorpresas en estados como Texas, el segundo que más electores aporta, después de California, y que tradicionalmente respalda a los republicanos, el estado de los Bush. Texas es un estado en frontera con México, con ciudades importantes como Houston y Dallas, pero,s obre todo, de una gran extensión. Los demócratas se han volcado ahí, con una nueva figura Beto O’Rourke que ha conseguido que los jóvenes se registren y participen más, además de ser alabado por el votante latino. En esta situación, muchas encuestas advertían de lo igualado de los resultados allí, pero Trump se volvió a imponer. Sin embargo, Texas estuvo bailando una gran parte de la noche y fue demócrata durante mucho tiempo, un toque de atención para los republicanos que deberán esforzarse mucho más de cara a las siguientes elecciones si no quieren empezar perdiendo en California y Texas, lo que de facto, significaría no tener ninguna opción de llegar a los 270 votos que te permiten estar en la Casa Blanca.

No obstante, la ceguera de las elecciones presidenciales, no pueden hacernos olvidar que en estas elecciones también se vota al Congreso y al Senado siendo muy importante quien se alza con la mayoría en cada cámara. Parece que, a falta de 4 estados por decidir, los republicanos se impondrán en la carrera senatorial manteniendo la mayoría de la que ya disponían en la cámara alta, una mayoría muy importante pues es el Senado quien nombra a los jueces de la Corte Suprema, entre otras funciones. En lo que respecta a la Casa de los Representantes, el Congreso americano, parece que los demócratas mantendrán su mayoría en la cámara, eso sí perdiendo parte de la ventaja con respecto a los republicanos. Este órgano, donde aún faltan 40 escaños por repartir, se vota por distritos que asignan cada uno a su representante, el más votado.

Por lo tanto, habrá que esperar hasta las elecciones de mitad de mandato para ver si, en la remodelación del Senado, los demócratas son capaces de hacerse con el control de las dos cámaras.

Manuel Maseda