He escuchado con atención la entrevista en Radio Euskadi de Garbiñe Aranburu secretaria general de LAB. De principio a fin todo ha sido una crítica al Gobierno Vasco y al PNV. El sindicalismo de la primavera roja, solo tiene derechos. Ningún deber y mucho menos en tiempos de zozobra. Huelgas, amenazas, desinformación, pésima gestión, prepotencia, clientelismo. Todo es culpa del Gobierno Vasco por su imprevisión, su silencio, su no saber hacer bien las cosas. Un marciano llegado a Euskadi oye a esta señora y coge su nave voladora y se va a Júpiter diciendo. «¡Me he equivocado de destino. He visitado el infierno de Dante!!!.

Ante la  necesaria pregunta de cómo se puede crear empleo en una situación de catástrofe económica, ha dado su mágica y milagrosa receta cuya respuesta  he apuntado:

«Para salvar la destrucción  del empleo hay que hacer una política de empleo más contundente».

Respuesta concisa, sencilla, clara como el agua cristalina y merecedora  de optar al  premio Nobel de Economía.

Efectivamente los profetas siguen acertando. Lo de las elecciones  en octubre como proponían o lo de las escuelas les retrata. Hicieron previsiones catastrofistas y los hechos y el tiempo les han quitado la razón, pero no importa. Ahora es la sanidad y en algo tan vocacional hay que hacer huelgas. La huelga por la huelga como dijeron con el puño cerrado.

Lo dicen sin ponerse colorados y circulan, hablan, declaran profetizan y aleccionan como si nada. Y lo peor es que quienes van a sus ruedas de prensa no les preguntan por estas cosas. Tienen impunidad para todo ya que nada ni nadie les pasa factura y como no se presentan a las elecciones porque dicen que son sindicatos  políticos pero no partidos políticos, todo vale.

En este clima tan poco solidario y de auzolan este  pasado jueves-viernes por la noche un grupo de descerebrados al grito de «Libertad» se han dedicado a hacer un importante daño social destruyendo contenedores y alterando el orden público. Al inicio de la transición sonó con fuerza una bonita canción que repetía la estrofa de «Libertad, Libertad, sin Ira, Libertad». Sin ira. Lo del desaguisado de plaza Indautxu era con ira y el viceconsejero de seguridad los ha descrito como delincuentes y muchos de ellos con antecedentes penales además de insolidarios. Gamberros violentos.

Ese vandalismo existe en toda sociedad. En tiempos de ETA la Kale Borroka, además de reivindicaciones políticas tenía sujetos de este tipo y que como se ve no han desaparecido.

Junto a eso es verdad que hay un discurso negacionista que da alas a esta violencia. Dicen enfáticos: «se nos quita la libertad, las vacunas son malas y es un negocio, no hay que cumplir leyes que van contra nuestra libertad. Detrás de todo esto hay una mano negra».

Escuchaba a Carlos Herrera en la Cope una vergonzosa descripción del pleno de ayer dándole una importancia impropia a la salida de Sánchez del hemiciclo para preparar una reunión europea y lo comparaba con Macron que además no comparece nunca ante el parlamento.

Me parece que desde una emisora episcopal se ataque a las instituciones como hace este caballero, tan poco caballero. Tan español que porque el PNV negocia no subir el diésel nos describe como los del chuletón del txoko pasando factura. Una radio de valores no puede utilizar este tipo de argumentación falsa y estupidizante. Me pareció una bajeza. Y todo para que su señorito Casado tenga un dupplex  dialéctico de pin  pan pum con Sánchez llamándole líder de la oposición. No es verdad. Es líder de su partido. La oposición no tiene líder a pesar de que el periodismo de Corte lo bautice así.

Ese cara a cara le interesa a la derecha madrileña y por eso convierten los plenos del Congreso que deberían servir para hablar de la crisis sanitaria que vivimos en un patio de monipodio para lucimiento de un peso pluma de la política española como está demostrando ser Pablo Casado.

Es lo que hay, y mientras, el virus, muerto de risa.