El café es una de las bebidas más consumidas en todo el mundo, pero ¿realmente conocemos la diferencia entre el café de finca y el café normal o de origen? Te explicamos por qué este café es el más apreciado y sus características tan especiales

Presente en los desayunos, sobremesas, meriendas, cenas o cualquier momento del día en prácticamente todos los rincones del planeta, el café es sin lugar a dudas una de las bebidas que más consumimos en el mundo. En muchos países, sobre todo los de cultura latina, el café es una parte fundamental en el día a día y es consumido en cantidades considerables. Colombia, Ecuador, Brasil, Venezuela, Guatemala, Perú, Honduras o México están en el top 10 de los mayores productores de café, siendo este uno de los motivos de que en Sudamérica sea considerado casi como un alimento más gracias a las múltiples propiedades beneficiosas que aporta para el organismo. También Kenia, Etiopía, Uganda, India o Papúa son otros de los grandes exportadores. Y en cuanto a los países no productores que más café consumen en el mundo, destacan Estados Unidos, Argentina, España, Italia, Portugal o los países nórdicos.

Está más que claro que el café es mundialmente famoso pero, no todas las personas saben que además del café normal que se suele comprar en cualquier tienda o supermercado, existe también el café de finca y es tremendamente apreciado por los grandes amantes del buen café.

Un café con pedigrí

Hay muchas características que diferencian al café de finca del café de origen, desde su cultivo hasta su proceso de cosechado. El café de origen, como su propio nombre indica, procede de un país en particular lo que significa que los granos son de distintas variedades y regiones. Esto no quiere decir que sea un café malo o de baja calidad, para nada, simplemente que sus características no son tan homogéneas ni identificativas producto de la mezcla, algo que repercute entre otras cosas en el sabor. Por su parte el café de finca está cultivado y cosechado en un mismo terreno o hacienda, algo que le otorga de por sí una denominación de origen y por consiguiente unas características como cuerpo, aroma y acidez únicas.

Sea de la variedad botánica que sea, el café de finca tiene un proceso riguroso desde el mismo momento de su plantación, pasando por el cultivo y finalizando por la recolección, el secado y el tueste. Siempre supervisado por un maestro cafetero que garantiza la calidad y pureza del producto final. La agricultura sostenible tiene mucho que ver también, ya que permite centrarse en las épocas del año que mejor conviene cultivar cada lote para poder obtener de este modo un auténtico café de pedigrí, cuidado y mimado hasta el más mínimo detalle en todo su proceso.

Sabor distintivo

Las bondades y virtudes del café de finca son reconocidas mundialmente. En su sabor es donde principalmente se puede apreciar de primera mano que estamos ante un café distintivo, único. Según su variedad podemos apreciar matices intensos o suaves de tonos florales, acaramelados, chocolate, cítricos, especiados o afrutados entre otros.

Dicen los más sibaritas que cuando pruebas una taza de café de finca, es imposible olvidar su aroma y sabor. Una experiencia singular resultado de un café de la máxima calidad.