Fue el 15 de diciembre de 1979. Dos meses antes se había aprobado el Estatuto de Gernika en referéndum. Tras ello fuimos a Beyris, barrio de Anglet, donde estaba la casona del EAJ-PNV. Allí le dijimos al lehendakari Leizaola que podía ya volver del exilio. Había salido de Euzkadi en 1937 tras la caída de Bilbao y, salvo una visita clandestina a Gernika en el Aberri Eguna de 1974, no había vuelto a pisar la Euzkadi peninsular. No quisimos que el Lehendakari  en 1977 hiciera la misma operación Tarradellas tutelada por Suárez. De aquel estatuto conculcado y anulado por una dictadura  a un nuevo estatuto y a rendir cuenta en Gernika en acto simbólico.

La foto es del momento en el que el Lehendakari sube las escalerillas del avión que habíamos alquilado, el Francisco de Orellana. Y aprovecho para recordar a Begoña Ezpeleta, fallecida hace quince días que trabajó en la organización de este importante regreso. Era pasar página a cuarenta años de opresión preferencial y, nuestro viejo Lehendakari se compró un elegante sombrero para la ocasión y con toda la dignidad de su conducta y de lo que representaba  subía aquellas escalerillas en el aeropuerto de París ante la curiosidad de unos fotógrafos que valoraban la noticia. Muchos  de ellos habían hecho el viaje de manera ex profesa para  tan importante cita. Creo distinguir a Ángel Ruiz de Azua, premio Planeta por su fotografía de las inundaciones de Bilbao de 1983, y un grandísimo profesional de Deia. La foto que le sacó la víspera en la Delegación de la Rue Singer, rodeado de cajas llenas de documentación es asimismo antológica.

Vida dura la de estos servidores de una causa democrática. De ahí que la fotografía me haya parecido preciosa. Las nuevas generaciones desconocen todas estas historias. Y es una lástima pues vale la pena conozcan lo que fue aquella vida de tantos sufrimientos. Y de tanta dignidad.