Creo que no sorprendo a nadie cuando digo que no seguí la moción de censura con gran interés. En mi opinión, esta semana acudíamos a un nuevo espectáculo parlamentario creado por el populismo. Como si de un dejà vu se tratase, Abascal se encarnó en el Pablo Iglesias del 2017 y cambiando Soros por cloacas se podía comparar el discurso muy fácilmente. Hemos sido muchos los que, en los últimos años, nos hemos ido desconectando de la política por el profundo tono de crispación que habita en ella y al que todos los partidos, de una forma mayor o menor, han ido contribuyendo.

La moción de censura, sin embargo, nos dejó momentos dignos de elogiar. La intervención de Inés Arrimadas el miércoles y, sobre todo, Pablo Casado el jueves marcan un nuevo escenario en la política española. Ambos partidos aprovecharon una moción de censura en la que VOX trataba de desgastar a los partidos de la oposición, como ya había hecho Iglesias en 2017 con el PSOE, para asestarle un duro golpe a la formación que preside Santiago Abascal. Pablo Casado marcó el ritmo de la moción hasta tal punto que Santiago Abascal se vio incapaz de rebatirle y decidió no contestarle, era evidente que le había dejado muy tocado.

Las intervenciones de ayer pueden marcar un antes y un después en la política española. Por primera vez en mucho tiempo, PP y Cs dejaron de mirar las encuestas para hacer sus discursos. Algo parecen haber aprendido después de lo ocurrido en los últimos tres años, donde, los dos, se han ido desgastando, perdiendo escaños a derecha e izquierda, por culpa de centrar su discurso en momentos concretos que obligaban a cambiar la posición del partido de la noche a la mañana.

Por fin en España alguien rompió con el populismo. Parece obvio para un votante de izquierdas exigir que se aísle a VOX y lo mismo ocurre en la derecha con Podemos, sin embargo, los que se ubican en esas ideologías, en muchas ocasiones, no son capaces de ver que ambos partidos son igual de dañinos para el sistema constitucional y democrático que acordamos entre todos. Sentar en la misma mesa a partidos como VOX y Podemos provoca que, poco a poco, vayamos comprando su discurso dándoles una mayor presencia en actos institucionales, mayores medios de difusión… Quien nos iba a decir a nosotros hace cinco años que un Vicepresidente del Gobierno iba a atacar a SM el Rey de la forma en que lo ha hecho Pablo Iglesias o quien nos iba a decir a nosotros hace el mismo tiempo que veríamos en la tribuna de la soberanía nacional a un candidato a la Presidencia del Gobierno preguntándose de forma irónica si Víctor Orban o Duda eran antieuropeos.

Lo de ayer es un primer paso, pero no puede ser el único. PP y Cs, al igual que el PSOE con Podemos, se han valido de los votos de VOX en muchas Comunidades para poder gobernar. Ahora, tras las palabras de ayer de Casado, VOX aumentará de forma previsible sus exigencias a la hora de aprobar presupuestos y leyes importantes, tocará ver entonces hasta que punto unos y otros están dispuestos a ceder con el populismo.

Casado, alabado hoy en las portadas de todos los periódicos, seguramente perdió ayer sus opciones de ser Presidente del Gobierno. No soy un gurú, pero la forma en la que se configura la política española en la actualidad hace difícil pensar que Abascal y su partido apoyen nunca a Casado en una votación presidencial. Previsiblemente, en ese caso, intentarían forzar una salida o, incluso, elecciones. Parece difícil que, PP y Cs, en la situación actual, puedan llegar a la mayoría absoluta por lo que las opciones de Casado se podrían ver reducidas, únicamente, a una gran coalición.

Por ello, la jugada de Casado de ayer es aún más elogiable. España, en estos tiempos tan difíciles para todos, necesita dejar atrás a los populismos y abrir vías de negociación entre los partidos moderados (PSOE, PP y Cs). Seguramente, a corto plazo, esas tácticas tendrá costes políticos, pero, creo, que el beneficio a largo plazo es más que evidente.

PP y Cs dieron ayer el primer paso rechazando a VOX, ahora le toca al PSOE.