Mi mayor éxito como deportivista fue, es y será siempre caminar a tu lado.
Por eso hoy quiero, en calidad de parte de esa afición a la que aludes en tu carta, darte las gracias. Así, sin florituras… Gracias:

Por encontrarme. Por elegirme. Por convertirnos en soberanos de tus decisiones, de tus cambios, de tus opiniones. Por hacerme sentir querida sin sentirme atada. Por hacerme libre de toda culpa. Por enseñarme que lo del oxígeno, nitrógeno y argón es para principiantes y que respirar ilusión, ambición y alegría eso sí era lo nuestro. Por colocarme en el centro de tu historia y cuidarme de una manera tan salvaje. Por saberme tan de memoria hasta el punto de entender en cada momento lo que necesitaba. Por enseñarme a aceptar los cambios y también a luchar por ellos. Por forjarme de valores que me llevan a no querer estar en ningún otro lugar que no sea esta hinchada. Por no acojonarte ante las encrucijadas cuando quisieron alejarte de mi. Pero sobre todo… Gracias por tu pasión. Gracias por tu grandeza. Por tu amplitud de miras. Por situar las fronteras de lo posible muy, muy lejos. Por llevarnos a donde nunca nadie hubiera podido ni soñar. Por hacer de nuestra existencia un puto nirvana.
Gracias por no soltarme nunca y seguir hoy ahí, dejándome aprender de ti cada día un poco más.
Y como no entendería nunca un Deportivo sin ti, mi eterno presidente… Voy a quererte. Cada día a cualquier hora. En cualquier lugar y tiempo. En cualquier verbo y en cualquier terminación. En pasado. En presente y en futuro.
Voy a abrazar este sentimiento de por vida. En las alegrías, en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y en cualquier maldita vuelta que nos depare el destino.
Mi credo: Que todos mis futuros sean contigo.

PD: Siempre serás el minuto de oro de una prorroga regalada en el mejor partido de mi vida. La fe que precede al milagro de un gol en tiempo de descuento. La esperanza del tiempo añadido. La ventaja de jugar en casa. Mi mayor victoria. Mi  mejor resultado. La final más gloriosa que nadie nos pudo ganar.