Antes que nada decir que el gobierno Sánchez , que lleva superprotegiendo a la Casa Real de forma abusiva, ha vuelto a meter la pata. El Borbón es mayorcito y si los cortesanos tenían miedo de una posible bronca, que lo deje. Lleva en su cuantioso sueldo aguantar improperios que por otra parte se los ha ganado a pulso. No todo debe ser desaparecer en las islas Fiji.

Carlos Lesmes, presidente del CGPJ, está muy molesto porque el rey no ha presidido el acto de Barcelona de entrega de despachos en la Escuela Judicial. Un acto protocolario en el que no estaba invitada la Consejera de Cultura de la Generalitá y que ha acabado con el grito de rigor de ¡Viva el Rey!. Todo muy decimonónico y haciendo abstracción de que estaban en Catalunya. Alguno ha habido que en su habitual rebuzno ha pedido que esa Escuela Judicial tenga su sede en Madrid. Faltaría más!!

Por otra parte su parcial y desequilibrado discurso de octubre 2018, contra la votación promovida por el gobierno Puigdemont, pasándose por alto su compromiso constitucional de ser árbitro y moderador, tiene estas cosas. A lo hecho pecho. Fue un discurso amenazador, de raíz centralista, huyendo del pluralismo, y utilizando un tono de reproche sin la menor empatía hacia el idioma catalán, le enajena casi todo el apoyo que había conseguido su padre. Hoy cuenta en Catalunya con muy pocos seguidores y miles de detractores. De la reverencia a la indiferencia o a la irrelevancia junto al rechazo. Quien le redactó y alentó aquella balandronada Felipe VI debería tenerlo pasando la fregona por el Valle de los Caídos. Quien dice lo que quiere oye lo que no quiere.

Y falta la sentencia contra Torra, otra de esas barbaridades de la injusticia española.

Y luego se quejan.