Fue la pregunta del momento. La jauría periodística atizada por la chusma izquierdosa trató desesperadamente de averiguar el destino de nuestro otrora modélico rey D. Juan Carlos de Borbón, rastreando sus huellas mientras sacaba “a clareo” todos sus trapos sucios higienizados por las lavanderas del C.N.I. Solo un sector tan abyecto como el entorno de Sánchez e Iglesias puede tratar de buscar provecho en el escarnio de un pobre abuelo que cayó en el error, tan común en el ser humano, de buscar cobijo en un cálido regazo femenino.

Personalmente sostengo la tesis de que no existe en el vocabulario español adjetivo más estúpido para calificar a un hombre que el de MUJERIEGO. Es digno de destacar que el varón no viene a este mundo para ser notario o secretario del catastro sino a relacionarse con lo que otros llaman el sexo contrario y yo “SEXO COMPLEMENTARIO”. Esa tendencia inducida avasalladoramente por la naturaleza a lo largo de nuestra vida evoluciona y, lo que en sus albores es una pasión irrefrenable, con el devenir de los tiempos se troca en una “simbiosis cómplice” que se manifiesta cuando el anciano va a bajar de la acera y su mujer le coge la mano instintivamente sabedora de que no anda muy firme de piernas, y con este gesto no es que pretenda evitarle la caída, dado que difícilmente tendrá fuerzas para frenar su inercia, sino para correr su misma suerte ¡ESE ES EL AMOR OTOÑAL!

Yo jamás censuraré a un hombre por gustarle las mujeres, porque este hecho es tan sustancial a él como respirar ¿Quién es culpable por hacerlo a pleno pulmón? Y el bufet femenino es tan variopinto y tentador que solo pueden resistirse a él los “anormales castrados por sus mamás”.

Y concluido este preámbulo pasemos a hacer un somero análisis del personaje. Comenzaremos diciendo que, SI LOS BORBONES NO FUERON UNA BENDICIÓN DE DIOS PARA LOS ESPAÑOLES, ESTOS ÚLTIMOS TAMPOCO LO FUERON PARA LOS BORBONES. Un pueblo rebelde y cerril que actúa más con el corazón que con el cerebro, y que al igual que los toros de lidia cuando no pueden matar o morir en su lance con el torero distraen el tiempo acabando con sus semejantes en la dehesa.

Difícilmente “los afrancesados” pueden conectar con lo más íntimo de nuestro ser y para basar mi exponendo paso a narrarles una anécdota:

Existía un programa hace años en TVE que todos recordarán y se conocía como “OBJETIVO INDISCRETO”. En él se ponían a prueba las reacciones imprevisibles del ser humano ante una acción exterior fuera de lógica. Por aquellos tiempos yo tenía una gran relación profesional con un alto ejecutivo francés conocido como Jean Pierre L…. que a la sazón era presidente de una gran fábrica de aparatos sanitarios, filial de la omnipotente Société Français de Fonderie. Con este motivo mi amigo Jean Pierre se afincó en Madrid, aunque su brillantez profesional tal vez lo habrá llevado posiblemente a presidir la cabeza del Holding en París. Amén de sus virtudes empresariales era un auténtico caballero y los dos disfrutábamos compartiendo mesa en alguno de sus restaurantes preferidos: Príncipe de Viana o Horcher.

Un día, de los pocos que dediqué a ver la televisión, visioné un episodio de Objetivo Indiscreto y en la pantalla apareció un caballero muy correcto que enseguida identifiqué como J.P. L….. comprando, en la extinta Galerías Preciados, un LP de música clásica a la que era muy aficionado. En un momento del sketch el vendedor, una vez realizada la transacción, se dirigió a mi amigo diciéndole: Le voy a hacer un tratamiento al disco para que se oiga mucho mejor y sacando un basto papel de lija lo rayó concienzudamente, J.P. callado esperó a que el “salvaje” concluyese su destructiva actuación y le embolsase la compra que pagó antes de irse en silencio. A los pocos días tuvimos el gusto de comer juntos con ocasión de un viaje mío a Madrid y en un momento de intimidad propiciado por la ingestión de algún Martini con vodka (mi bebida favorita) rememoramos el suceso y no pude por menos que preguntarle ¿Pero J.P. no te percataste de que te estaba rayando el disco? Y él me confesó, SI RAMÓN, ¡PERO LOS ESPAÑOLES SON TAN RAROS! Y esto es extensible a los Borbones que vinieron al Reino de España, como John Hanning Speke viajó para descubrir las fuentes del Nilo, y estimulados por la tentación de reinar en nuestra orgullosa y soberbia Patria se afincaron en un país que no entendían ni querían y así fueron las cosas.

Y volviendo a lo que nos ocupa, siempre he sostenido que por un efecto de “pozo artesiano” los seres muy altos deben de tener menos riego cerebral que otros de estatura media o baja, esto siempre que su corazón no esté en consonancia con sus medidas. Por otro lado, Juan Carlos y sus hermanas se criaron en una época donde los niños permanecían alejados de los mayores y solo irrumpían en las reuniones familiares para dar a los suyos un beso de buenas noches. Esta formación daba como fruto unos futuros adultos más inocentes que los “enanos perversos” que sufrimos hoy en día. Para más abundamiento, no creo que haya un científico de prestigio que sostenga la teoría de que los Borbones destacaron precisamente por su inteligencia quedando su simpleza camuflada por el “saber estar” de los miembros de la realeza. ¿Cuantas veces en su infancia J.C. se habrá levantado de la mesa con ganas de repetir el postre sin atreverse a decirlo? (esto le ocurría a mi difunto padre y a mis muy queridas tías) y con el tiempo, estos hábitos dieron origen a unos seres buenos y algo infantiles cargados de ternura y sentido de familia. Una vez culminada esta fase de su vida pasó a la tutela del Estado que lo formó por los diversos caminos de la práctica castrense, que no es precisamente profesión afín a filósofos y pensadores, y viéndose de pronto convertido en rey, con todo lo que eso implica, a pesar de los desvelos de sus educadores “Juanito”, como le llamaban, no era ese maquiavélico monarca que trataban de crear. A cambio era simpático y campechano y, al igual que muchos de su familia, caía muy bien al pueblo llano y así con estos mimbres se hizo este hombre, bueno, confiado y tal vez un poco glotón de los placeres de la vida, que se vio obligado a convivir con un crisantemo encorsetado por su oficio real (Esto le pasó a mi abuelo y el resultado fue el mismo) y pasados los años, una vez desarrolladas sus habilidades venatorias respecto a todo ser que llevase faldas (a excepción de los escoceses, supongo) se cruzó en su camino una mujer inteligente y vital (aquella Lady Macbeth que definía Baudelaire como “alma en el crimen fiera”) y, como era natural, en pleno declive se enamoró como un colegial volviendo a sentir ese sentimiento maravilloso del amor y el resultado fue una inyección de juventud como las empleadas en las mejores clínicas suizas. Las mujeres se equivocan pensando que los hombres solo buscamos glúteos y pechos generosos ignorando la inteligencia, y si así fuese las ordinarias caribeñas con sus vulgares reclamos sexuales hubieran triunfado en el mundo superando su condición de producto de consumo. No me cabe la menor duda de que nuestra protagonista es una mujer de cinco puntas (como los ciervos) o cinco jotas (como los jamones) elegante y atractiva, aunque un tanto Barby (pero no chabacana ni americanizada) y no es un ser anodino (su trayectoria así lo confirma, al haber sido asesora de monarcas y dignatarios sin temblarle la mano a la hora de conceder sus favores, y no resulta aventurado suponer que indudablemente no habrá dedicado sus ocios a “hacer ganchillo”) y ante tan importante pieza el pobre Tartarín de Tarascón, ya octogenario, se desbocó y ya que tengo un día muy Baudelaireano les recordaré aquella parte de un poema que dice (traducido del francés):

Los pechos

escudos retadores

con sus dos puntas rosas

arca dulce en secretos

llena de buenas cosas

que hacen reír a los viejos

igual que a niños buenos

¡Y ASÍ FUE! Mientras tanto el Emérito realizó múltiples negocios y consiguió abundantes lesiones por la práctica de actividades impropias de su edad, debería haber sido un jubilado tranquilo ¡PERO ES TAN ABURRIDO! que ¡leña al mono hasta que aprenda el catecismo! Con esto quiero decir que lo entiendo, disculpo y hasta aplaudo, fiel a las enseñanzas de un gran filósofo que conocí (mi querido y difunto padre): ¡DE ESTA VIDA SACARÁS LO QUE METAS, NADA MÁS! y al crecer la familia aumentaron los gastos pues nuestro personaje, como buen protector, pensó siempre en el futuro de sus seres queridos, por si algún día, ¡Dios no lo quiera! la historia se repitiese, y en consecuencia fue haciendo peto mientras trabajaba de “criada para todo” en favor de los miserables políticos incapaces de contribuir al producto interior bruto nacional. El resultado final es que ¡FUE RENTABLE PARA ESPAÑA! y tal vez un poco ingenuo al creer que atraía a las mujeres por su físico e ignorar lo peligrosa que es una hembra despechada por muy inteligente que uno se crea, pero ¡Qué le vamos a hacer! las hijas de Eva poseen el encanto del misterio y como tal, del peligro. Ambos compartimos el gusto por: la belleza, los relojes, las damas y la velocidad y sobretodo tenemos un común afán, el conmovedor cariño por nuestros hijos. Pronto nos trasladaremos a otro escenario y podremos decir a voz en grito ¡QUE NOS QUITEN LO BAILADO! Ya libres de intrigas y de hijos de puta.

Y como colofón les contaré una historia verídica: Todos los aficionados a la “alta relojería” celebramos en su día con ilusión y codicia la salida al mercado de un exclusivo modelo de la prestigiosa firma PATEK PHILIPPE del cual se había fabricado para todo el mundo una serie muy reducida y como consecuencia la manufactura repartió contadas unidades entre las joyerías de mayor abolengo y arraigo por la marca, entre ellas una emblemática relojería madrileña que yo visitaba en mis viajes a Madrid dado que se ubicaba en una zona señorial próxima a donde yo tenía mi camisero. Uno de estos días una encantadora persona vinculada a la gestión del negocio, gran profesional, en mitad de nuestra conversación se ofreció a enseñarme el lujoso “Recién nacido”, lo acaricié y paladeé con ojos ansiosos disfrutando con su contacto, consciente de que en ese momento yo era un émulo del mozalbete que se masturba con una foto de Claudia Cardinale en la triste seguridad de que nunca será suya. Y entonces vino la confidencia que paso a narraros: Éteme aquí que un día cualquiera el propietario y fundador del prestigioso establecimiento recibió una llamada telefónica de la Casa Real por medio de la cual se le informó que S.M. gran aficionado a las artes relojeras tenía especial interés en ver la nueva obra maestra, que a la sazón ya se venía cotizando entre los círculos de entendidos en OCHO MILLONES DE PESETAS. El importante joyero contestó que con mucho gusto se lo remitiría en un furgón blindado a la Zarzuela y así fue.

Pasaron los días y, transcurrido un plazo más que prudencial para que S.M. le hiciese conocer su decisión respecto a la pieza en su poder, el joyero no tuvo más remedio que ponerse en contacto con la Casa Real al objeto de recabar información sobre el reloj en depósito. Allí, uno de los sopla poyas de protocolo no tuvo reparos en comunicarle que S.M. vería con buenos ojos que se le ofreciese en “calidad de obsequio”. Ante la cara dura del individuo, el responsable de la firma objetó que en caso de interesar estudiaría un precio especial para la ocasión, a lo cual el cretino endiosado le contestó que S.M. no tenía costumbre de hablar de dinero. El joyero indignado por la arrogancia de su interlocutor contestó que, dado como estaban los tiempos y los muchos impuestos que aportaba su negocio al mantenimiento del Estado y, por ende, de la Casa Real, su firma no podía permitirse regalos de ese calibre, máxime cuando solo le habían correspondido en el reparto mundial dos unidades. Ante estas razones el “pisa moqueta” dijo que se lo devolverían, y así se hizo, pero lo más mezquino de la historia vino cuando poco tiempo después se produjeron los esponsales de la mayor de las infantas y la Casa Real rompiendo las normas establecidas hasta la fecha eligió “Lista de Boda” asignándola a una conocida platería madrileña de reconocido prestigio ignorando a nuestro baqueteado joyero pese a ser proveedor de la Real Casa desde tiempos inmemoriales. ¡QUÉ GORRÓN!