Ya sé que es casi imposible pinchar un rodillo. Generalmente este artilugio doméstico se suele ver en las viñetas cuando una señora con rulos espera a su marido, éste botella en mano, llegar a casa de madrugada mientras ella le espera con un trasto de estos en la mano. Es la imagen socorrida.

La otra, es la que se ve a una apisonadora, dejando todo como la palma de la mano.

Pero quiero referirme a esa imagen reiterada que se esgrime en el argot político. La acción parlamentaria de la mayoría absoluta  se simplifica en la imagen del rodillo, sea verdad o no. Es la legítima defensa de una oposición que solo tiene el derecho al pataleo, al mosqueo, el ir al Muro de las Lamentaciones.

Nada que ver con el Frente de izquierdas ni con esa imagen que quiso darnos Bildu la noche electoral vendiendo poco menos la noticia de que habían ganado las elecciones, nada más lejos de la realidad.

Lo ocurrido esta última semana les ha hecho despertar de su sueño o de su pesadilla, aunque ese derecho al pataleo les hizo presentar la semana pasada una candidatura alternativa que no consiguió más que los votos de su formación. Salvas al aire.

En el debate de investidura en el Parlamento Vasco de la semana pasada, en el solemne acto del domingo en Gernika, en la jura o promesa de los Consejeros en Ajuria Enea el lunes, desde el Lehendakari al último Consejero llegado a su despacho todos, absolutamente todos, han hablado de mano tendida, de voluntad de acuerdo entre todos, de cercanía, de diálogo hasta el amanecer, de conversaciones hasta con unos sindicatos que como comité de recepción al nuevo gobierno han organizado  una huelga general en algo tan sensible  como la educación. Y sin embargo el Consejero quiere reunirse con todos, escucharles y buscar un camino común.

Para rodillo el de la oposición en la última legislatura cuando, puestos todos de acuerdo, desde Podemos, Bildu al PP, y por un voto, su rodillo impedía aprobar cualquier ley. Ese si era Rodillo.

El de ahora es solo discursivo, nominal y de momento el Gobierno va ganando uno cero el discurso de la mano tendida que deja a los de la bronca y pancarta, de momento, sin muchos argumentos. Sin poder hablar de Rodillo muy a su pesar.

Pero no nos llevemos a engaño. Rodillo va a ser todo, hágase lo que se haga y haciendo ésto en virtud de un programa y de unos resultados electorales, pero la palabra que más veces vamos a oir en esta  legislatura, solo va a ser una: rodillo.

Y eso que estos días, el rodillo está pinchado.

Ojalá por mucho tiempo.