Dicen que en el periodismo existe una máxima según la cual no hay preguntas difíciles. Sin embargo, de un tiempo a esta parte (y esto es apreciación mía), el exceso de preparación de las nuevas hornadas de periodistas hace que las preguntas en las ruedas de prensa sean más un monólogo del emisor que una pregunta en sí. En sus tiempos, y por poner un ejemplo, si a Lendoiro le hacías una pregunta en rueda de prensa que excediera de más de quince segundos, su expresión facial pasaba de la atención, al enarcado de cejas hasta la terminar en sonrisa conejil, ya en la cual el riego de ser contestado con un “si te digo lo que yo sé, vas a saber lo mismo que yo”, era más que elevado. Lo lamentable es que en los tiempos que corren, periodistas de casta y oficio que, con una pregunta corta, solventen la formulación de la pregunta, ya quedan muy pocos. Ya [casi] no se ven gentes como nuestro llorado Lolo Gantes, que con un “Arsenio, ¿Qué?” arrimaban alcachofa y resumían en dos segundos lo que hoy se tardan y malgastan horas en formular preguntas de dudosa eficacia y comprensión.

Y en estos tiempos que corren, y más en nuestra parroquia de Riazor, necesitamos preguntas cortas y que aclaren nuestro futuro, del tipo “Y ahora, ¿Qué?”.

Pues eso: ¿Y ahora qué va a pasar? Resuelta aparentemente la incógnita de en qué categoría jugaremos a partir de octubre (si es que llega a comenzar la competición), y el Grupo de Ferro, con Ferrol incluido, que nos ha tocado, es cómo afrontar y con qué mimbres el futuro azabache que nos espera.

¿Saldrá nuestro máximo accionista corriendo ante la [presunta] mal inversión realizada?

¿Se hará suficiente caja con posibles traspasos para conformar un equipo que nos haga salir del pozo?

Los que en segunda eran desechos de tienta y se queden en el Club, ¿Serán Maradonas en la categoría de bronce y césped artificial o natural transgénico?

¿A qué precios [no exorbitantes] saldrán los abonos?

¿Seguiremos yendo todos a Riazor o quedaremos los seis mil de siempre, con esa generación perdida entre abuelos y nietos?

Cuando sea posible viajar ¿cabremos todos en los campos visitantes?

¿De qué van a vivir los que se dejaron el espíritu crítico encima del piano y hoy, en un alarde de suma hipocresía, se rasgan las vestiduras?

¿Volverá a ser Fernando Vázquez un crack y tendrá que salir otra vez por la puerta de servicio? Precedentes, y no buenos, los hay.

Éstas, y muchas otras que puede se queden en el tintero, son las preguntas del millón que surgen ante este futuro azabache, que no deja de ser un camino de infinitas bifurcaciones. A ver cómo salimos de ésta.