Como interesado por la historia y, particularmente, en lo que afecta a mi querida España siempre he sostenido que la irrupción de la Dinastía Borbónica en nuestra Nación supuso un tumor maligno para la ciudadanía española. La saga de los Borbones no puede considerarse un caso aparte en medio de las familias reinantes en aquella Europa que fue víctima de sus disparates mientras ellas, ajenas al sufrimiento que infringían a sus súbditos, rivalizaban por alcanzar los más altos puestos en cuanto a estupidez y estulticia haciendo gala de excentricidades que acarreaban cuantiosos dispendios a las cuentas del tesoro de su pueblo.

El sumun de la ignominia lo mantuvo el Káiser alemán, un memo, que no dudó en meter a su patria en guerras absurdas contra su primo el Zar apoyando el desorden y la anarquía en el resto de las naciones continentales. Este cabrón de barbas floridas, que solo tenía aspecto de persona en los retratos oficiales, no dio pie con bola y abrió las puertas al Nacismo (Nacional SOCIALISMO) que fue abrazado por el noble pueblo alemán en un intento desesperado de salir de la humillante situación en que este payaso lo había metido y, por si esto no fuera suficiente, tampoco tuvo reparos en tratar con indulgencia al movimiento marxista nacido en Alemania y ordenar a sus servicios secretos que planificasen el viaje de Lenin a Rusia, todo en aras de su estúpida prepotencia y ambición. El segundo en mi palmarés fue el innoble Leopoldo de Bélgica que, falto de escrúpulos, convirtió el Congo Belga en su propiedad personal actuando como un sádico en su condición de instigador de un régimen de crueldad (1) y represión que sembró el terror entre la población negra. Los problemas que esta actitud causó aún perduran. Y, para que hablar de la gentuza inglesa (2) o la pseudoaristocracia francesa de la posrevolución. Estos individuos débiles y tarados difícilmente podían considerarse modelos de la trasnochada institución monárquica, y como “cualquier tonto hace relojes” hasta los orondos y sonrosados holandeses tienen mucho que hacerse perdonar con respecto a sus masacres en las islas Molucas. Solamente reconozco una dinastía que aprobó en su paso por la historia: “La portuguesa”, y no cito a todos esos fantoches que se autotildaban de reyes de un territorio que no superaría en kilómetros cuadrados la superficie de alguna estancia sudamericana y hasta, si me apuráis, de alguna finca extremeña, ni al sátrapa indeseable de Marruecos.

Mientras tanto, los Borbones han logrado pasar desapercibidos hasta nuestros días gracias a una oposición integrada por la chusma más innoble capitaneada por líderes sin escrúpulos que no dudaban en vender a su puta madre por un minuto de poder, y para muestra basta un botón: la traición de Carlos IV y su hijo, el Felón, Fernando VII. Es curioso como este último eclipsó su lugar en la historia a Fernando VI (3), tal vez, el Borbón más discreto y eficaz de toda la dinastía junto con Carlos III que eligió ser un “buen alcalde” más que un rey mediocre, a él le debemos el Madrid que hoy en día nos enorgullece. Los demás, mujeriegos (y sobre esto, yo no tiro la primera piedra, pero si repruebo que se valiesen de su poder y posición social con el fin de corromper y convertir en burdo trueque mercenario ese juego de inteligencias y sensibilidades que ha sido siempre el sutil y maravilloso arte de la seducción), frívolos, militaristas aficionados y otras lindezas.

Estos son los rasgos comunes de la “REAL FAMILIA”, donde la rama femenina tampoco ha sabido asumir la dignidad y cordura que exigía su condición a lo largo de los tiempos, y al que quiera constatarlo le invito a visitar el TEATRO DE OPERACIONES, el prestigioso restaurante LHARDY de MADRID (4) donde, aparte de degustar un buen cocido, usted podrá acceder al reservado que hizo las veces de meublè improvisado por imposición de la reina Isabel II, cuando posiblemente quiso medir una vez más la longitud del sable del que ella denominaba “EL GENERAL BONITO” (4) o el de cualquier otro de sus múltiples amantes dentro del estamento castrense.

La verdad es que la buena Señora tenía sus conductos amorosos con más densidad de tráfico que la autopista del sur en la “Operación salida”. Y, para más desgracia, las escasas motivaciones de Francisco de Asís (5), su primo carnal por ambas partes, que en su condición de futuro marido, pretendiente designado en contra de la voluntad de esta, en la vana esperanza de que lograse calmar los ardores regios fracasó rotundamente en su intento según se deduce del hecho de que la dama en cuestión se pasó por el catre a lo más florido del ejército español, para vergüenza de sus súbditos que veían como “entre polvo y polvo” aquel conjunto de payasos engominados iba destruyendo un Imperio cimentado a lo largo de los tiempos por la diplomacia y la espada de los Austrias, que con tanto esfuerzo lo crearon para orgullo de futuras generaciones. Y, si nos referimos a nuestra historia reciente, todos los que nos hemos movido por el mundo hemos sido informados sobre las peripecias mercantiles de D. Juan Carlos que, gracias a sus muchos poderes, logró mantener limpio e impoluto el blanco deslumbrante del casco del Fortuna en su larga singladura por las pútridas y cenagosas aguas de la Transición.

Este mal ejemplo de coimas y concubinas caló profundamente en algunos dirigentes políticos de los partidos de izquierda, y sobre esto aún recuerdo el escándalo acallado de una aventura galante acaecida en una habitación de un conocido hotel madrileño protagonizada por un familiar muy allegado a un renombrado y poderoso político socialista, que se complicó hasta tal punto de desencadenar una desmesurada operación policial. El asunto se cerró con becas, ascensos y otras prebendas contando con la complicidad interesada de la prensa servil. A este se unen infinidad de casos que no quiero mencionar.

Aún recuerdo cuando uno de mis grandes amigos, asesor vitalicio de la presidencia de un país sudamericano, me confesó que constituía un fenómeno cotidiano el entrar en el despacho presidencial y encontrar al presidente con los pantalones bajados haciendo arrumacos y cucamonas en la entrepierna de alguna secretaria, y como consecuencia de lo expuesto aquí viene mi conclusión personal: que en este mundo hay hijos de puta por nacimiento o por elección popular, y revoloteando como moscas sobre estos excrementos sin alma las sempiternas cortesanas.

Es digno de destacarse el hecho de que el rey Luis de Francia prohibió servir espárragos en los banquetes reales donde asistiesen Señoras, dado que estas solían ingerir estos manjares chupando y sorbiéndolos obscenamente, a fin de destacarse ante los comensales por su pericia y buena disposición a la hora de homenajear cualquier apéndice alargado que se les ofreciese y de ese modo cimentar su currículum para trepar en el escalafón social de la Corte. Y en medio de toda esta tropa nos encontramos con Juan Carlos, gran aficionado a la velocidad y a las aventuras galantes (organizadas por sus amigos del mundillo aeronáutico) a imitación de su abuelito, “el prófugo” Alfonso XIII, que terminó su inútil vida en Roma. Nuestro emérito pronto olvidó las estrecheces de su infancia en Portugal, con un padre vividor y conspirador de opereta, gran aficionado a la esgrima (vivió dando sablazos a todos aquellos monárquicos que le fueron leales) y si uno tiene relaciones y colecciona confidencias tendrá acceso a algunas historias juveniles bochornosas inmortalizadas en papel fotográfico que tantos quebraderos de cabeza dieron al CESID (actual CNI) y como ¡Dónde irá el buey que no are! hoy nuestro rey emérito se despide del fausto y el deber con una traca final tratando de quedarse solo con el primero de estos dos accidentes.

Y aunque sobre sus “trastadas” se podría escribir una enciclopedia, guardo silencio por respeto a aquellos que depositaron su confianza en mí poniéndome al tanto de los hechos, pero si puedo expresar mis opiniones mejor sustentadas que las de algunos vehementes partidarios desinformados. Y a pesar de ese reflujo estomacal que me aflora en algunos momentos cuando veo la dicotomía entre la realidad y la versión periodística, tengo que confesar a voz en grito ¡SOY MONÁRQUICO! al igual que ¡SOY CREYENTE! pese a la corrupción e hipocresía de la curia vaticana, y hago mía la vieja consigna de los peronistas argentinos ¡AUNQUE SEA UN LADRÓN QUEREMOS A PERÓN! baso mi alegato en el hecho incuestionable de que los ejemplos que hoy tenemos no son una opción deseable y, en consecuencia, me mantengo “estabulado” en el sistema actual como mal menor puesto que nuestro Rey, prematuramente envejecido por las responsabilidades, guarda las formas y parece un buen chico, pese a que, según mi criterio, tiene tila en lugar de sangre en las venas y sobrevive sorteando las olas de ese mar embravecido en que unos malnacidos han trocado tristemente la “calma chicha” que venía disfrutando nuestra Patria aunque, cuando veo a todo lo que lo someten, no puedo por menos de recordar a aquel personaje que tanto interesaba a León Felipe ¡EL PAYASO DE LAS BOFETADAS! Pero es de destacar que, a falta de coraje, al menos no nos avergüenza en el extranjero ¡OJALÁ TRAIGA TANTOS NEGOCIOS A ESPAÑA COMO TRAJO SU INSIGNE PADRE, UN REY MEJORABLE, PERO UN EMBAJADOR COMERCIAL DE PRIMERA! por ello cierro este escrito con un ¡JUAN CARLOS SE HA IDO, VIVA JUAN CARLOS! y aquí me quedo rodeado de RATAS (Zapatero, Rajoy y Puyol siguen entre nosotros).

(1) Castigaba a los nativos que no trabajaban con la mutilación de miembros.

(2) Los colonialistas ingleses practicaban la CAZA DEL ZORRO usando como presa a un indio ataviado con pieles de este animal para facilitar la labor de sus podencos.

(3) Murió loco mordiendo a los cortesanos.

(4) En el Lhardy aún se conserva el corsé de Isabel II tal vez “tomado por asalto” por el bizarro General Serrano (El GENERAL BONITO) que pasó a la historia por ser uno de los posibles padres de Alfonso XII en su condición de “PROVEEDOR DE LA REAL CASA”.

(5) Francisco de Asís, era un notorio afeminado que fue bautizado por el ingenio popular como PAQUITO NATILLAS y sobre el que el Madrid cortesano cantaba: PAQUITO NATILLAS ES DE PASTA FLORA Y MEA EN CUCLILLAS COMO UNA SEÑORA.

COMENTARIO DE ULTIMA HORA: Concluyendo este artículo me entero de la noticia: Cayetana ha sido “Purgada” en su puesto de Portavoz ¡CAYETANA ERES UN SER LIBRE, NO ESPERES ENCAJE EN ESE MUNDO DE RASTRERAS MARIONETAS!.