Si usted no ha sido presidente, ministro, diputado, senador, secretario general de un sindicato, jefe de algo absténgase de firmar ninguna papela reivindicativa. Eso está reservado a los popes de la sacrosanta transición política española.

Lo acabamos de ver con casi setenta altos cargos pidiendo la presunción de inocencia para Juan Carlos de Borbón  diciendo que el rey fue  un gran activo y  poco menos que el “motor del cambio”. Y también tenemos otra serie de cartas de los “abajo firmantes” estos días con las cartas de los ex presidentes del gobierno español vivos, todos, y los secretarios generales de UGT y CC.OO. en relación con Martín Villa.

Una presión impropia y vergonzosa que envía el mensaje aquel del primer Roosevelt en relación con Somoza. ”Es un hijo de puta pero es nuestro hijo de  puta”. Suena duro pero es una frase muy gráfica.

Rodolfo Martin Villa fue muchas cosas bajo el franquismo y ninguna buena. Gran jefe del SEU (Sindicato Estudiantil Universitario), gobernador civil, procurador en las Cortes del régimen, chupatintas y paniaguado de la dictadura como gran maniobrero que fue y sigue siendo.

Con Suarez fue senador, diputado y ministro  ya que le aseguró, manipulando gobernadores civiles, las primeras elecciones legislativas en 1977 y posteriormente gran diseñador del estado autonómico incluyendo a León en Castilla la Vieja, algo que no le perdonan los leoneses. Pero está acusado de responsable de delitos como ministro de Relaciones Sindicales y de Interior de nada menos que delitos de lesa humanidad en relación con distintas masacres, entre ellas las de Gasteiz. Yo recuerdo una carga policial en Urkiola en sus tiempos de ministro algo que en todos los kantaldis veraniegos tenían a Martin Villa de centro de todos los denuestos y críticas a su contundente porra policial.

Pero es que Martin Villa fue un santón del Grupo Prisa, presidente de Sogecable por su amistad con Polanco y de Endesa y le recuerdo cuando logramos que se abriera la Comisión de Investigación del caso Gal en el Senado, el gran maniobrero como he dicho, logró que se cerrara ya que iba a poner toda esa maravillosa transición patas arriba. Incluyendo los delitos policiales bajo la UCD.

También recuerdo que la primera reunión formal que tuvo en PNV saliendo de la clandestinidad la tuvo con Martin Villa en el hotel Carlton en 1976. Él quería la reunión en el gobierno civil de Bizkaia pero  Ajuriaguerra y Arzalluz le dijeron que no acudirían de no ser en un sitio neutro. La personalidad democrática de  aquellos burukides  era clara y contundente. De allí salió la posibilidad de que el izamiento y enarbolamiento de la ikurriña no fuera delito en un tema que incluso había ocasionado varios muertos. El hombre hizo de la necesidad virtud pues si algo es Martin Villa es que se trata de un buen cancerbero de las esencias. Cambiar algo para que no cambie todo.

De las acusaciones y de la declaración ante la juez argentina  Servini no va a salir nada. Él lo que quiere es salvar su imagen para la historia y en eso le ayudan “los abajo  firmantes”. Que nadie toque el invento maravilloso de la transición.

Y en eso están los abajo firmantes, y  lógicamente Martin Villa, el hombre del colmillo retorcido, el buen servidor del estado.