Nos encontramos en un momento político difícil y tenso para todas las formaciones. A la crisis sanitaria se le ha sumado una crisis económica en la que se discute si se alargará en el tiempo o conseguiremos salir de ella en unos pocos meses al estilo China.

La situación económica de España es compleja. Actualmente lideramos todos los ránkings europeos en los que se mide el descenso de la economía como aumento del paro o caída del PIB. El estado ha sido incapaz durante la pandemia de ofrecer protección a los miles de trabajadores afectados por los ERTE pagándolos con mucho retraso y haciendo que muchos hogares carecieran de ingresos. A ello, hay que sumarle el elevado número de expedientes que se han convertido en ERES ante el cierre definitivo de la empresa en la que estaban contratados.

Para ver como se aprueban unos presupuestos nos tenemos que remontar a 2018, cuando Mariano Rajoy los consiguió aprobar con el apoyo de Cs y PNV, sin embargo, la situación económica y social que vive hoy nuestro país poco se parece a aquel momento en el que poco a poco íbamos saliendo de la crisis y las cuentas revelaban una reactivación de la economía. Por contra, nos encontramos en una situación de incertidumbre ante la crisis sanitaria que se ha llevado a miles de españoles y que no sabemos cómo evolucionará en los próximos meses ante el incremento de contagios. Las cuentas de 2018 tampoco reflejan el cambio institucional que ha habido en España con un cambio de gobierno y la entrada de un gobierno de coalición mucho más amplio y con otras prioridades de gasto. Es por todo ello que necesitamos unas nuevas cuentas que se ajusten al nuevo escenario económico español.

Las medidas que debe acometer España deben ser profundas y no meros parches que provoquen un nuevo problema en pocos años. Por eso, es necesario que se debata sobre el modelo de Seguridad Social o la Reforma Laboral. Además, debe planificar en qué quiere gastar las ayudas europeas con el fin de que estas sean capaces de ayudar a transformar la economía española y devolverla a la senda de crecimiento.

Para aprobar estas medidas, el Gobierno precisa de una mayoría en el Congreso de la que carece, los socios de investidura se han destapado la careta y son lo que siempre han sido Convergencia y PNV, extorsionadores que exigen más dinero para sus territorios a cambio de aprobar las cuentas, sin importarles la necesidad o no de esas reformas. Creo que un gobierno no se debe sostener nunca sobre mercenarios que únicamente piden dinero porque se estará alimentando una descompensación territorial y alimentará a que se constituyan partidos regionales, cada vez más pequeños, cuyo único fin sea sacarle dinero al gobierno de la nación para sus territorios perjudicando a otras regiones e imposibilitando hacer planes nacionales por la necesidad de tener contentos a esos partidos.

El turismo representa de forma directa casi el 14% del PIB en España. A ello hay que sumarle el consumo derivado de los trabajos generados por el turismo que de forma indirecta viven del turismo. La ocupación hotelera ha descendido de media en España en julio un 70% con respecto al mismo mes del año pasado. Estos datos pueden ser temporales, pero no serán revertidos hasta que consigamos dar una imagen al exterior de solvencia frente al virus. Mientras sigamos liderando los ránkings europeos en número de contagios, la ocupación hotelera seguirá rebajándose ante el temor de los turistas al contagio.

Obviar las graves consecuencias para la economía que puede tener la crisis, al más puro estilo Solbes y sus brotes verdes, es una irresponsabilidad tremenda. No puede ser que ministros del gobierno como Escrivá salgan en los medios diciendo que “esta crisis es temporal y no debería haber daños graves en la economía” cuando nos encontramos ante la que puede ser la mayor crisis en los últimos 100 años. España no se puede permitir en estos momentos a negacionistas de la crisis llevando la economía, no funcionó en 2008 y no va a funcionar ahora. Necesitamos gente que nos diga la verdad y que nos explique las reformas que se han de llevar a cabo para poder salir de esta.

Por todo esto, España necesita unas cuentas de consenso en las que participen todos los partidos políticos relevantes. Es necesario mandarle a Europa un mensaje de unidad y que, al mismo tiempo, nuestros políticos demuestren que los intereses de la nación se encuentran por encima de los intereses partidista. Unos nuevos pactos de la Moncloa que sienten la base de las necesarias reformas políticas y que duren más de dos legislaturas. Para que esto se produzca deben ceder todos, tanto oposición como gobierno, y sentarse en una mesa a negociar lanzando también un mensaje a independentistas y nacionalistas de que la política española no aguanta más mercadeos.

En estos presupuestos nos jugamos la España que queremos para los próximos 20 años. Se puede optar parches y precariedad o consenso y estabilidad.