Ser el líder de la oposición es muy difícil. El reglamento del Congreso otorga una serie de beneficios en el tiempo de las intervenciones, sin embargo, no puedes dedicar todos tus minutos a evidenciar los errores del gobierno, sino que debes enseñar a la sociedad que en tú partido existe una alternativa a las políticas que se están llevando a cabo. Encontrar el punto medio es verdaderamente complicado puesto que, en un escenario multipartidista como el que nos movemos, siempre va a haber algún partido más duro en las formas y, a la vez, vas a tener al gobierno criticándote por apoyarte en esos mismos partidos.

Para ganar unas elecciones no basta con que te voten los tuyos, hay que conseguir acercarse y convencer a los votantes que se ubican más al centro del espectro político, pero no siempre todos los partidos salen a ganar unas elecciones. Ese es el caso del PP en abril de 2019. Las encuestas apuntaban unos malos resultados electorales siendo imposible recuperar la Moncloa después de la moción de censura contra Rajoy y, por encima de todo, dos rivales atacando fuertemente a su electorado: Ciudadanos, que subía en cada sondeo con Albert Rivera soñando con ser el líder de la oposición, y VOX, que aspiraba a entrar con fuerza en el Parlamento y robarle un buen puñado de escaños a los populares.

Casado no se quedó quieto, en vez de ensanchar la trinchera ideológica a la que se dirigía, decidió recuperar a fuertes pesos intelectuales de la derecha para mantener al máximo número de votantes posibles. El objetivo del PP en esas elecciones fue contener la fuga a Cs y VOX para armar desde la oposición una alternativa futura. Apostó por dos figuras por encima de todo, Daniel Lacalle y Cayetana Álvarez de Toledo. Daniel Lacalle, economista, representaba muy bien a una facción del PP, la de Aguirre. Por otro lado, con Cayetana se buscaba una voz intelectual fuerte contra el independentismo y las imposiciones morales de la izquierda.

El PP consiguió mantenerse como el segundo partido más votado en abril, ganó en mayo alcaldías como Madrid y, en noviembre, recuperó a muchos de sus votantes cabreados. Sin embargo, en Génova son conocedores de que con los votantes de VOX y de Cs no se llega a la Moncloa. Por eso, una vez el PP vuelve a ser fuerte en la derecha y desactivadas gran parte de las alertas, los populares emprenden un viaje hacia nuevos espacios políticos con el fin de ensanchar su electorado y aspirar a la Moncloa en las próximas elecciones. Entre los nuevos nombramientos destaca Almeida, un hombre moderado que ha conseguido pactar con todos los partidos en Madrid en el marco de la crisis por el Coronavirus.

Sin embargo, creo que Casado se equivoca. Puede que Cayetana no sea la mejor portavoz parlamentaria para dirigirse a ciertos espacios electorales, pero creo que no se merecía este final. Cada vez que Cayetana se subía a la tribuna del hemiciclo subía el nivel parlamentario en España con citas a grandes intelectuales como Cánovas, Pinker o Payne. En este tiempo, ha tenido grandes intervenciones como la que pronunció desde la sala de prensa del Congreso de los Diputados sobre el feminismo, rechazando la doctrina única de la izquierda. También ha tenido errores, como las desafortunadas palabras hace unas semanas sobre el padre de Pablo Iglesias errando en el tiro de crítica al gobierno por su gestión.

En la última semana, Álvarez de Toledo ha mostrado una moderación nunca vista en portavoces parlamentarios como Rafael Hernando o Dolors Montserrat. Ella ha apostado por algo más necesario que nunca en estos momentos, un gobierno de concentración que deje fuera a populistas e independentistas para atajar unidos la crisis sanitaria y paliar las duras consecuencias económicas.

La baja de Cayetana es una verdadera lástima para los que defendemos que los partidos deben ser organizaciones mucho más abiertas a la sociedad y donde existan discrepancias internas, personas que discutan libremente sin ser tildados de no disciplinados o no leales al partido. Eso no quiere decir que no piense que ayer Cayetana se equivocó en sus declaraciones revelando conversaciones privadas con Casado y estrategias políticas de los populares.

Lo que está claro es que hoy Carmen Calvo ha dormido mucho más tranquila.