Después de haber descansado en brazos de Morfeo, más que descanso fue una orgía, con desgarro de tejidos y hematomas varios. Me levanto a eso de las doce acuciado por dos necesidades: Las ganas irrefrenables de comerme una pavía que descansaba en el frigorífico totalmente ajena al trágico final que le esperaba y una imperiosa necesidad de MICCIONAR, como diría un concejal de cultura socialista. Vuelvo de la cocina una vez consumado el apartado primero de mi perverso plan y al pasar ante el ordenador leo un atractivo reclamo: ENTREVISTA EN TV3 CON LA CANDIDATA CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO y uno, que no es de piedra, no puede evitar darle al ratón para ver algo más (de la entrevista, no de Cayetana ¡Qué más quisiera yo!). En principio la fórmula era la esperada: Un grupito de mediocres acosando e interrumpiendo el verbo cálido de mi musa politizada y ella jugando a los quiebros, como la liebre con el galgo, contestando a las preguntas envenenadas sin ira, y combatiendo con la guardia baja como el genial Cassius Clay antes de cometer el inmenso error de rebautizarse como Mohamed Ali.

Mi mujer sabedora, en base a reiteradas manifestaciones, “de parte” de mi debilidad por “LAS FLAQUITAS” y si, a más a más (esto lo digo por congraciarme con el orate Quim Torra) son rubias ¡Alabado sea el Señor! Uno tiene sus objetivos a largo plazo y la realidad presente del día a día que sobrellevé siempre fiel a las consignas de mis educadores respecto a que ¡hay que comer de todo! Pero por un fallo de audición, que nunca me perdonaré y marcó mi destino, no capté el final de la frase: ¡Con mesura! Así me batí como un cruzado contra morenas, rubias y pelirrojas en sus distintas modalidades: Orientales, hispánicas, italianas, suizas y demás europeas y no me convertí en multinacional por falta de espónsor. Así, valiéndome únicamente de mis modestos atributos “de serie” di toda la guerra que pude sin ser un Nacho Vidal. Tal vez les cause extrañeza el observar que, en mi modesto palmarés, no acredito intentos con valquirias nórdicas, pero les confesaré una intimidad, a mí las rubias suecas me resultan un tanto “apasteladas” como esas tartas de nubes con que se tortura a los niños de hoy, una vez desplazado el carpetovetónico tocinillo de cielo, que Dios conserve para bien de la humanidad. Me gustan las rubias “falsas de toda falsedad”, como se dice en lenguaje jurídico, que tengan las cejas negras, y si uno es señalado por el dedo divino se pueda constatar que también lo son algunas otras frondosas (que diría un jardinero) así combinan la vivacidad de los ojos de las morenas con el encanto juvenil del pelo dorado. Los ojos azul mar caribeño solo me atraen cuando son casi trasparentes dando a la afortunada un aire infantil que despierta mis más infames instintos pedófilos, o los azul turbio como los de mi adorada Charlotte Rampling, y no dudo que una pincelada de miopía da encanto a la mirada femenina en cuanto a azul se refiere, y que decir del pelo rubio cuando asoman un poquito las raíces oscuras en el nacimiento de la pelusilla comestible de la nuca que ¡ríase Ud. del cabello de ángel!, pero eso sí “siempre flaquitas” con menos pecho que GANDHI, aunque las pequeñitas de huesos recubiertos por una fina capa carnal que oculte la osamenta no son moco de pavo. En fin, ¡para que seguir! Todas son riquísimas ¡cuando están en comida! Después o se agrian o se pudren en el supuesto caso de que renuncien a ser unas “gorditas” dulces y equilibradas que repartan ternura y frutos de sartén entre sus seres más queridos. Resumiendo, para que no se me exalte la lívido, QUE SON UN MILAGRO DEL CIELO ¡Ay Marlaska como te has equivocado al elegir marido!

Y volviendo a lo que nos ocupa, se me pasó la media hora larga que duró la grabación sin acordarme de mi acuciante necesidad de orinar, extasiado por el verbo fluido y la inteligencia de mi Cayetana que resituó a las mujeres en el lugar de honor de donde fueron desplazadas por las “beldades” de la izquierda (interrumpo un momento el escrito porque el cabrón del gato me acaba de tirar un montón inmenso de folios sueltos donde había volcado mis últimos desvaríos, lo persigo con saña y él me toma de coña abusando de su agilidad y de sus principios barrio bajeros de felino callejero adoptado por gente de bien). Y sigo con la idílica visión de mi idolatrada vertiendo verdades como puños con una expresión inocente y beatífica que los esbirros del separatismo no logran mutar pese a su impertinencia, de vez en cuando, al igual que mi querido gato cuando quiere mostrarme su insatisfacción moviendo la cola, ella le da un toque a la melena lo que me produce una dulce taquicardia y lo acompaña de algún mohín involuntario (no me gustan las mujeres que recurren al coqueteo para conseguir lo que quieren) personalmente, sostengo que irradian todo su potencial erótico cuando no se saben observadas, excepto nuestra ministra de educación ¡gélido limón! Siento una necesidad imperiosa de lamer la pantalla del aparato, pero me frena el miedo a que mi “Dulce Penélope” lo capte cuando le aplique el desinfectante contra el coronavirus y, en un ataque de genio que no de celos, decida rociarme los ojos con algún producto de limpieza corrosivo. Mis ojos son para mí una de las vías de contacto con este asqueroso mundo que me ha tocado vivir y pienso con nostalgia ¡qué bonita es la inteligencia! y más cuando aflora de un cuerpecillo grácil y una cara dulce que me lleva a recordar aquella gloria femenina conocida como Françoise Hardy ¡No puedo pensar en ella que me sube el azúcar! o de hacerlo tengo que neutralizar su efecto edulcorante con una visión fugaz de Carmen Calvo.

En un momento las relaciones hispano-argentinas se tensaron notablemente con el envío por parte de estos últimos de un cargamento putrefacto donde destacaban por su alto grado contaminante un tal Pisarello y un tal Echenique privado de su medio natural, el formol, esta acción “casus belli” despertó la indignación de la ciudadanía española y nuestros dirigentes, siempre prestos a seguir los designios del pueblo soberano, no dudaron en llamar a consultas a su embajador y amenazar a los argentinos con una dura operación de castigo por nuestra parte comandada por la sanguinaria Margarita, que había introducido una llave inglesa en su bolso con la perversa intención de golpear a Macri. El Juan Sebastián El Cano fue convenientemente artillado para participar en la previsible operación naval y el Ministerio de Asuntos Exteriores inició los trámites para bloquear las exportaciones del pimentón de la Vera, las pipas Facundo y el “Don Nicanor tocando el tambor”, que hasta la fecha venía fabricándose en Rosario bajo patente española. Ante tan duras medidas a los atildados porteños se le dispararon los cabellos y Argentina solicitó angustiada la declaración del Estado de Emergencia y suplicó el envío humanitario por parte de la ONU de aviones con cargamentos de gomina para restaurar, en parte, los horrendos estragos en la maltrecha fisonomía de los garañones tangueros. Ante tamaña situación los argentinos cedieron y aceptaron las sanciones de compensación impuestas por el “implacable negociador Zapatero” que, una vez más, actuó por el bien de su patria percibiendo como único pago una cantidad simbólica de seis cifras para bocadillos, amén de una “plantación de mate” que actualmente explota en sociedad con la reputada firma TIROFIJO & CO., y una vez se pusieron en práctica las duras medidas reflejadas en los términos del tratado firmado por el presidente MACRI y refrendado por San Diego Armando Maradona y el futuro santo Messi, ya en proceso de beatificación promovido por nuestro Papa Francisco, en él. El gobierno argentino se comprometió a renunciar al patrimonio más valioso del tesoro nacional, la inimitable CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO, y algunas otras macizas (lo de vírgenes ya no se lleva al haber sido declaradas especie en estado de extinción) en concepto de teloneras con las que me gustaría tomarme una copa en la terraza de la Biela en una noche estival porteña ¡Una copa nada más! porque como dice el tango ¡MI CUERPO ENFERMO NO RESISTE MÁS! y, en otro orden de cosas, les haré participes de una confidencia: En una época estuve afiliado al PP porque mi chófer me lo pidió para apoyar su pretensión de ser contratado como conductor de ambulancia. Me insistió tanto en el asunto que, ante la imposibilidad de tirarme del coche en marcha, eso es para INDIANA JONES, accedí y aunque, aun cuando conservo buenos amigos dentro del partido, me di de baja ante la villanía del innoble Rajoy y su Pitufa metida en carnes, y deben saber que, últimamente, dice este cobarde que actuó así para que el pueblo se acordase de él. Pocos hombres habrán conseguido tan claramente sus propósitos. ¡No solo nos acordamos de él, sino de todos sus ancestros! Pero existen dos peperos que me siguen manteniendo afectivamente “amarrado al duro banco de una galera turquesa” como dijo el clásico: Una es CAYETANA, a la que califico de 10 sobre 10, y otro es FEIJÓO, al que he votado, pero le resto dos puntos por sus devaneos lingüísticos. Y con respecto a lo demás, invito a las lectoras a recrearse con la visión de esta pensadora y estadista que es un orgullo para las hijas de Eva e insisto ¡Ay Marlaska que equivocado estás!

Con tanto arrebato pasional he perdido las ganas de orinar y mi vejiga ha ido creciendo dentro de mí hasta llegar al punto de afectarme al cerebro, pronto iré al cuarto de baño y podré constatar que este hoy inútil apéndice que con tanta entrega me sirvió aún puede proporcionarme celestiales satisfacciones.

DEDICADO a mi fiel lectora MILICA, modelo de nobleza y lealtad, que le ha dado un nuevo sentido a mi concepto de la amistad entre sexos.