La elección de Carles Puigdemont como presidente de Junts marca el inicio de la precampaña electoral en Cataluña. Diferentes medios ya elucubran con la fecha electoral fijándola, en el caso de La Razón, para el 15 de noviembre.

Los partidos han comenzado a mover sus estrategias. VOX, nuevo en el tablero político catalán tras rechazar presentarse a las anteriores elecciones en 2017, ha sido de los primeros en mover ficha y ha confirmado a Ignacio Garriga, actual diputado en el Congreso, como candidato a la Generalitat.

Ciudadanos, actual ganador de las elecciones, también se ha movido y ha tratado de repetir la estrategia de 2017 ofreciendo una coalición electoral a PSC y PP. Las encuestas catalanas auguran un mal resultado para Cs en estos comicios después de aglutinar todo el voto no independentista en las anteriores elecciones.

La coalición no tiene pinta de que vaya a triunfar. Si no triunfó en 2017 con un PSC debilitado y en medio de la aplicación del artículo 155, menos parece que vaya a prosperar ahora cuando el PSOE está gobernando España en coalición con Podemos e investido por los independentistas catalanes. Además, la situación del PSC ya no es la misma que la de 2017. Las elecciones generales y el gobierno encabezado por Sánchez le han hecho recuperar la confianza de votantes ubicados en el cinturón rojo de Barcelona, histórico feudo socialista que en 2017 apostó por los naranjas. Con respecto al candidato del PSC, está por ver la apuesta de los socialistas. Iceta tenía medio pie fuera del Parlament para irse a presidir el Senado hasta que la votación parlamentaria se lo impidió. Voces cercanas al PSOE apuntan a Salvador Illa como candidato a la Generalitat, uno de los mejores líderes valorados por los votantes socialistas en Cataluña.

Parece ser que Cs tampoco tendrá suerte mirando a su derecha. Si el PSC confirma el no, podrían intentar repetir la estrategia del País Vasco buscando algún tipo de coalición electoral con el PP, algo que me parece un error muy grande y, sobre todo, un profundo desconocimiento de su electorado. Gran parte del votante de Cs en Cataluña se define como socialista y vota a Cs ante la deriva nacionalista del PSC. Ciudadanos empezó en tierras catalanas bajo la premisa del socialismo democrático hasta que se modificaron los estatutos en la Asamblea General de Coslada en 2017, donde los afiliados catalanes rompieron la hegemonía de la cúpula ganando las elecciones a compromisarios con el objetivo de mantenerse como un partido socialdemócrata. Ir en coalición electoral con el PP en Cataluña es desmovilizar a esos afiliados y simpatizantes y, sobre todo, dejar en casa a miles de votantes que nunca votarán por el PP porque son socialistas.

Pero, además, la situación del PP en Cataluña tampoco es la misma que la de 2017. Las encuestas apuntan a que los populares aumentarán sus escaños en los próximos comicios e, incluso, podrían duplicar su representación actual. Las anteriores elecciones se produjeron en una situación muy complicada para el PP catalán, en medio de una de las mayores crisis políticas de nuestra democracia, con la aplicación de un 155 que algunos tildaron de blando y, por si no fuese poco, con Inés Arrimadas enfrente y un partido, Ciudadanos, en constante crecimiento. Cs consiguió crear la esperanza de victoria en el electorado y eso provocó una enorme concentración de voto. Esos tiempos han cambiado, ni el PP está en el gobierno ni Lorena Roldán tiene la popularidad de Arrimadas. Por contra, Alejandro Fernández se ha conseguido ganar, desde el grupo mixto, una imagen de persona moderada, pero a la vez tajante contra el nacionalismo. Y eso, en Cataluña da votos.

La papeleta se antoja difícil para Cs, si bien es cierto que, las encuestas en Cataluña tienden a darle menos de lo que al final saca, es indudable que va a caer con respecto a los anteriores comicios. Además de los votos que pueda perder con PSC y PP, también hay que contar todas las personas que votaron a Cs en las anteriores elecciones, pero que ahora lo harán por VOX. Y, seguramente, habrá otro competidor en el centro-derecha regionalista que intente robar votos al constitucionalismo. El mayor problema de haber aglutinado voto tan dispar es que ahora es muy difícil de mantener porque cuando intentas cortar la hemorragia por la izquierda, comienza a brotar en la derecha y viceversa.

Está por ver cual es la estrategia final de Ciudadanos para mantener el mayor número de votos y si rescata para el Parlament a líderes con muy buena valoración en Cataluña como Jordi Cañas o mantiene la dupla Roldán-Carrizosa a secas.

La mayor batalla se prevé en el independentismo. No está claro cuál parte con mayores opciones si Junts o ERC, ni los candidatos de ambos partidos, sin embargo, todo apunta a que por culpa de la ley electoral y con el necesario apoyo de la CUP, revalidarán la presidencia de la Generalitat.