Conté ayer como nos metieron de matute la monarquía en el mismo paquete constitucional. Sabían, y Suárez lo reconoció, que en 1978 preguntar a la opinión pública española si quería una República o que siguiera Juan Carlos, éste perdía el envite. Y por eso ahora nos dicen que la monarquía es constitucional y que vivimos en una Monarquía Parlamentaria. Palabras. Un parlamento que no puede controlar al jefe del estado, no es un parlamento plenamente democrático.

Con este trámite Juan Carlos de Borbón se aseguró su puesto de trabajo y una vez más los Borbones volvieron al Palacio. Con la abstención de los socialistas, los grupos parlamentarios que integraban la comisión constitucional aprobaron en mayo de 1978 el anteproyecto de Constitución, que establecía la Monarquía Parlamentaria como forma política de estado. Cumplido el trámite, acabó la tradición de 98 años de republicanismo del partido de Pablo Iglesias por decisión de su cúpula.

Mordazmente Pablo Castellano, crítico con la decisión, escribía que ”pasado el tiempo tuvo también su morbo ver al Sr. Rubial y al Sr. Gómez Llorente, entre otros, formando parte de la representación parlamentaria que recibió en el puerto de Cartagena el cadáver de Alfonso XIII, respetuosamente inclinados ante el féretro y en reverente y piadosa actitud durante las exequias”.

Pero no fue solo ésto. Se tenían que dar paradójicamente garantías a quienes habían de ir abriéndonos, más bien entreabriéndonos, el portillo de que se podía llegar a un pacto entre caballeros, para que el Ejército no se sintiera hostigado, la figura del dictador quedara a salvo de críticas, la familia Franco estuviera  bien considerada y lo que habían  robado fuera intocable, la señora de Meirás respetada, y ella y su hija con títulos nobiliarios, la Monarquía no puesta en cuestión y olvidada toda esa “verborrea demagógica” de la   depuración de responsabilidades y revisión de fortunas.

Había que merecer el perdón de los torturadores y verdugos, generosos y comprensivos con la tentación de revancha de las víctimas.

El rey se convirtió en «el Motor del Cambio” y nadie se puso a preguntar si ese motor funcionaba con sangre, con miedos, con prebendas, con diesel o con gasolina democrática. Afortunadamente en aquella Sodoma socialista alguien fue un hombre justo. Se trató del senador Manuel Mora, veterano aviador republicano, que votó contra la Monarquía en el acto final de aprobación de la Constitución en el Senado, porque hasta los viejos republicanos socialistas que se habían pasado tres cuartos de su vida en el exilio, hicieron el mismo harakiri que se habían hecho los procuradores franquistas en aquel pleno en el que se aprobó la ley de la Reforma Política que fue la pista de baile en la que se movió  Suárez, con el rey sacando a bailar a González y a Carrillo. Lo malo de este neo monarquismo socialista fue que hasta la noche electoral del 28 de   octubre   de 1982 en la breve alocución que pronunció Felipe González  desde el balcón del Palace, con Alfonso Guerra a su lado, y cuando a las dos y media de la madrugada ya estaba confirmada la dimensión de su apabullante victoria no se  olvidó de mencionar al rey, cosa que no hizo Suárez en su despedida.

Y a partir de ahí vino todo lo demás, hasta el detalle de no haber creado una condecoración propia de la democracia. Sigue persistiendo la prerrogativa real de seguir concediendo títulos de nobleza y de seguir manteniendo las increíbles Órdenes de Isabel La Católica, Carlos III, y Raimundo de Peñafort además del Toisón de Oro, aceptada tan gustosamente por el socialista Javier Solana. Cuando el rey concedió los últimos marquesados a Del Bosque, Villar Mir, Aurelio Menéndez y Vargas Llosa pregunté por qué lo hacía y en base a qué y la Mesa del Senado, presidida por el socialista Javier Rojo no me admitió a trámite la pregunta. ¿Monarquía Parlamentaria?. Ya, ya. Luego uno se entera que a Villar Mir le dieron el marquesado porque le construyó a Corinna en el recinto de la zarzuela un pabellón para que viviera con su hijo.

En resumen. La monarquía para que superviva tiene que ser útil y ejemplar. Evidente que hemos tenido una Casa Real transparente, útil, ejemplar, barata y arbitral. Y quien se queje, a la carbonera!!.

Fuente autorizada. El blog de Iñaki Anasagasti