Todo empezó allá por 2018 en Andalucía. La campaña de las elecciones a la Junta de Andalucía estuvo marcada por la posibilidad de cambio en la presidencia de la región. PP y Cs se lanzaron a la calle a explicarle a los andaluces que era posible un cambio pese a que las encuestas lo preveían altamente complicado. Mientras, en los mítines, Susana Díaz animaba al voto al PSOE para “frenar a la ultraderecha de VOX”. Lo repitió en cada mitin, en cada ciudad, en cada encuentro con los militantes. Muchos nos sorprendimos cuando vimos esta estrategia electoral socialista viendo que las encuestas les daban mayoría y que VOX era un partido que carecía de representación parlamentaria en ningún territorio de España y, además, al que las encuestas no le daban opciones reales de entrar. El objetivo era claro, movilizar a su electorado como alerta antifascista y darle más espacio a VOX para ver si había suerte y le robaba votos al PP tirando décimas a la basura al no tener opciones de llegar al umbral mínimo en las provincias más pequeñas.

La noche de las andaluzas deparó varias sorpresas. La estrategia no le funcionó al PSOE que perdió por primera vez en cuarenta años el poder en Andalucía, su cortijo, en favor de Juanma Moreno. Sí le funcionó a VOX que protagonizó una entrada fulgurante en el Hospital de las Cinco Llagas.

Sin embargo, el revés electoral para el PSOE no ha sido motivo para dejar de apoyarse en el mantra de la ultraderecha cada vez que se abren las urnas desde entonces. Nos hemos acostumbrado a ver a Pedro Sánchez lanzar consignas de forma reiterada contra VOX pese a ser una fuerza que, hasta las pasadas elecciones, apenas acumulaba 24 diputados en el Congreso. Evidentemente, a VOX le ha favorecido enormemente la publicidad socialista para ganar presencia en el debate político y obtener mejores resultados electorales.

Al PSOE le beneficia enormemente apelar al miedo y a la radicalización al ser la fuerza mayoritaria en el bloque de la izquierda. El frentismo nunca les había dado tantos votos y no dudan en usarlo pese a estar atravesando una pandemia. No hay debate parlamentario donde no citen la palabra ultraderecha. Todo porque el PSOE de Sánchez, Lastra o Calvo prefiere dar más peso a VOX y evitar una confrontación más directa con el PP sabedores de que las cifras del gobierno se hunden en la comparativa con los logros cosechados por el ejecutivo de Mariano Rajoy.

Por otro lado, VOX se pone de medalla los insultos del gobierno “socialcomunista” como suelen decir. Para ellos ya no solo es mejorar su posición en el debate político, también es ser tratado como algo que ni son ni serán, los líderes de la derecha.

Y, en este sentido, VOX no ha dudado en hacer hoy un nuevo servicio por y para Sánchez anunciando que presenta una moción de censura. Abascal ha confirmado que en septiembre presentará una moción de censura y que lo hará entonces y no ahora por la necesidad de preparar el programa de gobierno y acuerdos con otras fuerzas parlamentarias. Abascal podría llamar al PP y al resto de formaciones políticas del Congreso para explorar la opción de la moción de censura y buscar un candidato alternativo a este gobierno, pero prefiere poder subirse a la tribuna a dar un monólogo donde llamará cobarde al PP sin darse cuenta de que le habrá regalado una gran victoria parlamentaria al gobierno de Sánchez, ese al que quiere echar.

El gobierno de Sánchez se encuentra debilitado por la gestión de la pandemia y los rebrotes que se están produciendo en diferentes comunidades. Si bien es cierto que el acuerdo europeo ha sido una bocanada de aire, será muy difícil tapar con ese dinero las pérdidas que se van a producir en la economía española derivadas del aumento del paro y el cierre de negocios. No obstante, se debe recordar la aritmética parlamentaria de nuestro hemiciclo que convierte a los independentistas y nacionalistas en decisivos para elegir quien gobierna, esos que no dudan en ser serviles a Sánchez con tal de ser regados en fondos para sus regiones. Por eso, es matemáticamente imposible cambiar el gobierno actual mediante la moción que propone VOX lo que provoca como primera consecuencia una victoria enorme para Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, apuntalando su mayoría y reforzando su posición en el gobierno.

Santiago Abascal no le hace la moción de censura a Sánchez, como tampoco Iglesias se la hizo a Rajoy. Ambos son conocedores de que el presidente del gobierno sale reforzado con una aplastante victoria parlamentaria y ambos comparten objetivo: debilitar al líder de la oposición con el fin de alzarse como alternativa al gobierno obviando por parte de Abascal la grave situación sanitaria y económica que vive España. Abascal ataca a Casado porque sabe que apuntalando a Sánchez puede ganar votos al dividir y polarizar a la población, sin embargo, no es consciente de que muchos españoles nunca votaremos a VOX por encontrarse demasiado alejado de nuestros postulados ideológicos y por renegar de acuerdos aprobados por el conjunto de la ciudadanía. Solo desde la moderación, se conseguirá presentar un programa atractivo alternativo al de Sánchez para la mayoría de españoles.

La relación entre PSOE y VOX es terriblemente tóxica para España, dilapidando el centro y enfrentando a los españoles en los momentos más difíciles de nuestra historia reciente. Por eso, España pierde cada vez que estos partidos y sus afines entran al juego de decir “que viene la ultraderecha” o de “protestar contra el gobierno socialcomunista”.