Los partidos políticos se vertebran a lo largo del territorio a través de cuadros de afiliados y simpatizantes. En ellos siempre vemos un importante número de gente joven que componen las organizaciones juveniles. Sus miembros van desde los 16 años hasta los 30 en la mayoría de los casos, aunque hay partidos en los que consideran jóvenes a los menores de 35.

Las juventudes de los partidos suelen ser organizaciones muy criticadas por diversos motivos entre los que destacan las luchas internas que se podrían producir entre los más jóvenes del partido para ocupar los cargos orgánicos. Además, el relato popular suele estar orientado a la narrativa de que estas organizaciones están compuestas en su mayoría por jóvenes que quieren dedicarse a la política y comienzan un trabajo de aplaudir y alabar al jefe con el fin de ser colocado en una lista electoral o en un gabinete.

Sin embargo, yo soy un gran defensor de estas organizaciones o, por lo menos, de aquellas que se organizan bien y no se limitan a utilizar a los jóvenes para cubrir las sillas del auditorio donde se realiza el mitin electoral o difundir los memes del partido a través de redes sociales. A lo largo de este artículo me atreveré a desdeñar alguno de los motivos por los que defiendo a estas formaciones.

Lo primero que debemos entender es cómo es el joven que se afilia a un partido político. Los jóvenes que forman parte de un partido político son, en su mayoría, personas con una gran inquietud por los asuntos públicos, amantes de la política que buscan la manera de colaborar con su agrupación local en la mejora de la ciudad. Creo que el hecho de que una persona que se encuentra en su vida universitaria o en sus primeros años en el mercado laboral se afilie a un partido político es una buena muestra de que se trata de una persona con vocación por cambiar las cosas. Estos jóvenes prefieren invertir parte de su tiempo libre en una organización política en vez de estar tomándose unas cañas con unos amigos y eso es algo que se debe valorar.

Pero no nos pensemos que estos jóvenes no son personas preparadas. La formación de los juniors de los partidos políticos es altísima. Estudiantes en las mejores universidades, personas implicadas en el asociacionismo juvenil y emprendedores que están arrancando un proyecto son algunos de los perfiles que se puede encontrar en las organizaciones juveniles de los partidos políticos. Por eso, creo que los jóvenes son personas que pueden aportar muchas cosas en sus agrupaciones a través de redacción de propuestas y de representación del partido ante gente que por su edad habitualmente no sigue la actualidad política.

Las juventudes de los partidos políticos son, por tanto, una buena oportunidad para seguir formando a los jóvenes en asuntos públicos. Pienso que en la mayoría de los casos ya existen escuelas, campus y formaciones por parte de los partidos orientadas de forma específica a los jóvenes, sin embargo, creo que se puede hacer mucho más.

La formación que dan las organizaciones en la mayor parte de los partidos tiende a ser esporádica a través de alguna escuela o campus, pero no existe en la mayoría de partidos una formación continua de los jóvenes. Este es el gran punto de mejora de las organizaciones para poder convertirse en una herramienta útil para los jóvenes. Puede parecer difícil que una organización tan grande y tan dispersa por el territorio pueda dar formación a todos sus miembros, pero la pandemia puede ser una oportunidad para las mismas. Gracias al confinamiento hemos visto como se pueden dar talleres virtuales en los que se conecten personas de diferentes agrupaciones sin problema ninguno. Existe, además, una ventaja añadida de poder hacer networking entre personas que se ubiquen en diferentes lugares de España compartiendo las propuestas que se están realizando en sus agrupaciones.

Por otro lado, creo que el gran reto de las organizaciones juveniles de los partidos políticos es convertirlas en un espacio más abierto a la sociedad donde se cuente con grupos de opinión y trabajo con personas de la sociedad civil y asociaciones universitarias. Por todo ello, soy un firme defensor de las juventudes de los partidos y de las oportunidades que plantean para crear una sociedad más dinámica y participativa.