• Doctor en Derecho por la U.C.M. (Cum Laude)
  • Licenciado en Derecho.
  • Certificado-Diploma de Estudios Avanzados. (Fundamentos de Derecho de la U.E. y problemas actuales en el ámbito del Derecho Público).
  • Licenciado en Ciencias Políticas.
  • Caballero de Mérito por Real Orden Noruega

El pasado mes de junio escribíamos sobre el insensible estilo de discriminar del Ministerio de Sanidad, cara a familiares y amigos a través de la distinción entre víctimas, digamos “oficiales” y las que no habían tenido la oportunidad de disponer de esa calificación al no haber podido ser atendidas previa a sus respectivos encuentros con la Dama del Alba, (personaje de la gran obra de Alejandro Casona).

Tampoco, llegado el momento, hace un mes, al anunciar el presidente del gobierno la próxima conmemoración del Acto homenaje a las víctimas, sus colaboradores no fueron capaces de impedir al Sr. Sánchez, cometer el desliz de referirse a las 24.000 víctimas, por entonces cifra oficial según las cuentas del Ministerio de Sanidad.

Es notorio y fácilmente extrapolable de fechas a fechas, a través de cualquier fuente oficial, por ejemplo, el Registro Civil, que las cifras podrían aumentar como mínimo entre un 70 u 80%.

El caos producido en España en plena virulencia pandémica, justificaron los grandes desatinos cometidos por la falta de previsión y preparación que anuló nuestro sistema sanitario, única y parcialmente restañado por la disposición de sus profesionales.

Tal caos, sin parangón, no tuvo más remedio que ser aceptado ante las circunstancias que lo rodeaban, pero nunca recocidos sus restringidas y manipuladas cifras de fallecimientos al amparo de interpretaciones sesgadas y torticeras tendentes a encubrimientos espurios.

Ejemplo de la corona y otras autoridades al referise a los fallecidos en general

La propia O.M.S. justifica y acepta que los miles de fallecidos coincidentes con la plena virulencia de la pandemia, sean considerados en similares circunstancias que los decesos ocurridos bajo sus normas dictadas previamente, extensivo a determinada ruedas de prensa donde fueron reconocidas en cierta forma.

Bajo ningún concepto, podemos buscar culpabilidades de los pacientes en otras causas que no provengan de las ya tristemente conocidas respecto a sus fallecimientos por rechazos en instalaciones sanitarias; ignorancia de las Residencias de Mayores; la falta de atención precisa en sus domicilios, o simplemente inexistencia de ambulancias suficientes.

No existen en este caso excusas para haber ofrecido y aún sostener a costa del dolor y sufrimiento, cifras más favorables ante un sistema deficiente que puede decirse resultó desastroso en sus respuestas.

Debería procederse pues, por tratarse de un acto de justo trato e igualdad, a no establecer distinciones de categorías de fallecidos, ya que tanto en conciencia cómo en disponibilidad de medios, han dispuesto Vds. de los consabidos conocimientos para llegar a las debidas conclusiones sin necesidad de establecer diferentes clases políticas de fallecidos.

Para terminar una alusión a determinadas vestimentas “progres a porter” exhibidas por ciertos personajes impropias de un acto solemne.

Pero bueno quedan eclipsados por el simpático y tierno gesto de la Infanta Leonor, dirigiéndose a su padre cuando el Monarca acaba de finalizar su discurso, recordándole que había olvidado ponerse su mascarilla y, es más que probable que algún tipo de energía estuviera sobrevolando la Plaza de Armas, estableciendo cierta complicidad entre los ausentes, la Infanta Leonor y Su Majestad, con la tristeza y el dolor de fondo.