En los últimos años se han puesto de moda las coaliciones electorales. Los partidos políticos buscan fórmulas que les beneficien ante la ley electoral con partidos cercanos ideológicamente. Esta, ha sido típicamente una figura utilizada por la izquierda, pero con la campaña de las elecciones vascas y la precampaña de las catalanas, el fenómeno parece también llegar a los partidos que representan al centro y al centro derecha en España.

Cuando los partidos se disponen a plantear la coalición, lo hacen desde el punto de vista sumatorio, es decir, sumar los resultados de los partidos que se juntan y, en el caso de estar juntos, averiguar cuantos escaños obtendrían. Este es un error sociológico muy grande en los partidos que demuestran un gran desconocimiento de sus electores.

Un partido político es muy parecido a un equipo de fútbol. Los clubs tienen varios tipos de aficionados: ultras, socios y simpatizantes con el club, estos últimos van variando con los años centrándose en los jugadores, el buen juego o los resultados. En un partido político aparecen todos ellos.

España era un país con un votante tradicionalmente muy ideologizado en las épocas del bipartidismo, es decir, existía un gran número de personas que no movían el voto de un partido a otro, independientemente del candidato o programa. Este tipo de votante es el ultra de un equipo de fútbol, da igual como esté el club que el va a ir a los partidos (a votar) y, aunque critique ciertas decisiones de la directiva o del entrenador, va a seguir ahí. Con la aparición de nuevos partidos políticos y la multiplicación de la oferta, el votante ideologizado que tiene decidido el voto ha descendido a una rápida velocidad, pero sigue siendo un importante porcentaje. Como veremos más adelante, este es el único voto que los partidos pueden decir que “son suyos”, el resto va a ir variando.

En segundo lugar, encontramos a los socios. Estos son unos aficionados fieles, que suelen acudir al estadio. El gran miedo con ellos no es que se vayan a otro club, algo difícil por tradición familiar y amigos, sino que se queden en casa, y esto es muy habitual. Este tipo de aficionado no suele bajar a apoyar cuando las cosas no van bien y lo mismo pasa en política. Cuando la propuesta política no sigue las bases ideológicas, el votante no ideologizado, pero sin alternativas en el panorama político, suele quedarse en casa al no sentirse representado. En este caso, es muy interesante ver encuestas de rechazo de partidos para analizar hasta que punto tu votante rechazaría votar al partido con el que te quieres presentar a una elecciones, piensa que ese voto ya lo tienes perdido y, si quieres sumar al resto, tendrás que hacer un enorme trabajo de movilización.

Este votante era principalmente el que se encontraba en el PP Vasco, fiel a los colores no se sintió cómodo con las decisiones de la dirección y, en buena parte, se quedó en casa. En primer lugar, no vio con buenos ojos que las decisiones de quién tenía que jugar el partido las tomase el presidente y no el entrenador (la dirección del País Vasco). Por otro lado, tampoco gustó juntarse con un partido, Ciudadanos, sin ningún cargo institucional en el País Vasco y muy crítico siempre con el cupo vasco. Estas, son a mi juicio, las razones por las que muchos vascos se quedaron en casa y dieron la espalda a la propuesta de PP+Cs.

En última instancia, un club lo componen los simpatizantes, que van y vienen en función del juego y los traspasos. Estos aficionados no tienen preferencia por ningún club y no tienen problema en ir variando de un equipo a otro. En realidad, fidelizar a estos aficionados a lo largo de los años es muy difícil debido a la volatilidad de los mismos. Un hecho diferencial es que es muy raro ver a estos aficionados apoyando al equipo cuando va mal.

Este último tipo de votantes no tienen problema en ir cambiando el voto, incluso entre opciones política muy diferentes. Suelen ser los electores que decidían las mayorías absolutas en tiempo de bipartidismo y los que deciden el bloque que gobierna en el actual panorama (izquierda-derecha). El gran problema para la coalición PP+Cs fue la aparición por la derecha de VOX, que representaba mejor de forma ideológica a muchos de los votantes.

Es por ello, que los partidos políticos deben entender que los electores no son de ellos y que, en un escenario como el que nos movemos, tienen muy pocos votantes propios. Cuando se propone una coalición hay el riesgo de que una parte importante del electorado la rechace por no sentirse cómodo. El gran ejemplo de esto pueden ser las elecciones catalanas, donde Cs explora una coalición con el PP. En el supuesto de que esto pase, los discretos resultados que va a obtener Cs en esas elecciones, sabiendo que ahora ya no van a poder aglutinar todo el voto no independentista como pasó en 2017, van a ser aún peores por el rechazo frontal de todo el electorado de centro izquierda que no quería votar al PSC y apostaba por Cs, pero que volvería antes al PSC que votar al PP.

La política no es un juego de matemáticas y las coaliciones electorales raramente respetan el 1+1=2.

Manuel Maseda

Estudiante de cuarto curso de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, recientemente he comenzado el grado de Comunicación en la Universidad Internacional de la Rioja.

Su etapa universitaria está marcada por el debate, desde que entró en la universidad ha participado en numerosos torneos que lo han llevado a ser uno de los representantes españoles en el Campeonato del Mundo de Debate en Chile 2018 o a cosechar cuatro subcampeonatos nacionales. En los últimos años, ha estado juzgando torneos de debate invitado por diferentes universidades. Ha tenido el honor de juzgar el Campeonato del Mundo de Debate en Perú 2019 y el Campeonato Nacional Hispanohablante de Debate y Oratoria de Estados Unidos organizado por Cornell University hace unos pocos meses en Ítaca, entre otros. Así mismo, forma en debate y oratoria en asociaciones de debate e instituciones educativas.