Nuria Najarro

Lo difícil no es vestir un una camiseta del DEPOR. Lo difícil es llevarla dentro. Las camisetas más grandiosas están hechas de jugadores que sacrifican su individualidad en defensa del equipo. Que viven y se nutren de ese sentimiento de pertinencia al club que uno abraza ya para siempre, se juegue o no se juegue. Simplemente se es. Porque no basta con formar parte. No serás nada ni nadie en el Depor hasta que honres su nombre. Por eso y para eso viniste. Atraído por su historia. Quien suda lucha diaria, entrega y sacrificio lo consigue. Y precisamente a eso huelen las camisetas grandiosas, a excelencia y a pura disciplina.
Las camisetas más grandiosas no se forjan sólo con balones. Se nutren de valores y de IDENTIDAD.

Imagina un corazón dividido en 11 trozos. Sitúalo en un césped, jugándose la vida, ese es el Depor. Ninguno de los trozos es igual. Su tamaño va en función del sentimiento de cada jugador que lo defienda. Cuando tú saltas al campo Borja Valle, tu corazón por Dios que se hace inmenso. Que no te engañen neno… Tu trozo es de los grandes. Tú eres #DEPOR

Te pudiste ir con ofertas y decidiste no abandonarnos. Yo tampoco lo haré. Porque mereces la pena. Porque eres íntegro y honesto. Pero sobre todo, porque me emociona ver en un jugador profesional lo mucho de humano que veo en ti. Tengo grabada en mis retinas y en mi memoria aquella rueda de prensa del 2 de Diciembre del 2019 en la que una frase tuya me emocionó de una manera que no podría explicar: «Nosotros también sentimos». Así de claro, así de contundente. Y es que ¡¡¡ESTO VA DE SENTIR!!!

Hoy quiero devolverte la emoción que me hiciste sentir ese día haciéndote llegar el cariño que te has ganado a pulso. Porque yo también soy fiel a mi misma y no mentí si dije que NUNCA CAMINARÁS SOLO. Es un orgullo tenerte en mi equipo y dejarte caer no es una opción. Y si te tengo que empujar te empujo y si te tengo que arrastrar te arrastro. A donde sea. Como si es a «morir rodeado de gente», eso sí, después de haber pegado un millón de patadas más a un millar de balones más. En el cielo no hay tiempo de descuento, siempre puede esperar.